1/11/10

Cangrejos


He leído en una de mis biblias favoritas (tengo unas cuantas), “Memoria del fuego” de Eduardo Galeano, que los cangrejos no tienen cabeza porque llegaron tarde al reparto de cabezas que hizo en su momento, el gran dios en África. Aunque este asunto del reparto de cabezas suena un poco raro, como se trata de un conocimiento tan antiguo no dudo que es cierto. Además, lo dice don Eduardo y punto.


Los cangrejos son seres curiosos, no sólo por el hecho de no tener cabeza lo que ya sería suficientemente llamativo en sí mismo, sino por muchas razones más, como tener diez patas o llevar el esqueleto por fuera. O sea que son raros de verdad. Siempre me ha fascinado pensar en el tipo que por primera vez decidió comerse uno. Sobre todo porque su aspecto no es muy apetitoso. Y sin embargo los decápodos son realmente sabrosos. Piénsese en la centolla, por ejemplo. Perdónenme ustedes, pero yo soy gallego. El caso es que hay cangrejos de muchas clases. Unos, como los cangrejos araña que pueden llegar a medir hasta tres metros de envergadura, y otros de apenas unos milímetros.


Los cangrejos cambian de caparazón varias veces mientras crecen y cuando les nace el nuevo son blanditos por fuera, como de papel. Por eso si usted encuentra uno en la playa en plena muda no lo toque, podría romperlo. En sólo un par de horas el caparazón se habrá endurecido lo suficiente y el cangrego estará otra vez en condiciones de morderle con furia con sus pinzas. Y eso, que duda cabe, es mucho más divertido que aplastarlo sin querer.


Algunos cangrejos son muy especiales, como por ejemplo el cangrejo rey de América, que mide un metro de ancho; o el azul de Florida que vive en la tierra en madrigueras y sólo va al agua a desovar; o el cangrejo violinista (Uca pugnax) que como es lógico y previsible, está extraordinariamente dotado para la música clásica, aunque algunos ejemplares de esta raza, sobre todo los irlandeses, se inclinan más por la música popular tipo “Greensleeves”. Ralph Vaughan Williams tuvo en casa uno de estos cangrejos que era un diestro intérprete de viola, y al que el famoso compositor trataba como a un amigo íntimo.


Cambiando de tema y a propósito de “Memoria del fuego” otra vez, no puedo dejar pasar estas líneas sin aclarar por qué he dicho más arriba que lo considero una biblia. Es por lo siguiente. Como la biblia es un libro lleno de conocimientos mágicos, de enseñanzas únicas, de leyendas maravillosas y de héroes que son como dioses. Y al igual que la biblia, cada palabra en él está escrita con un aliento poético que debió de nacer en el cielo... o yo no sé cómo pudo hacerse. Y si no, vean. Abro el segundo tomo, “Las caras y las máscaras” al azar, y les cuento lo que leo. No es del todo literal.


Y lo que leo es que estamos en el año 1776. Y el escritor uruguayo explica un extraordinario prodigio de la alquimia del siglo XVIII que me deja anonadado. Una transmutación inimaginable, por hermosa y cruel. Y es cómo los esclavos negros capturados en África son vendidos en Jamaica y Barbados al peso donde los transforman en melaza. Y como esa melaza se lleva después a las destilerías de Massachusetts para convertirla en ron. Y a continuación, ese ron hecho de hombres cruza otra vez el mar hasta Europa, para que en la noble Inglaterra algún caballero atildado, blanco y sin conciencia (los caballeros no suelen tenerla), pueda bañar su alma por dentro por una vez en su vida, con unas gotas del fuego negro de la verdad.


No sé ustedes, yo ya me había quitado el sombrero antes de abrir el libro. No lo duden ni un minuto más: dejen el blog y vayan corriendo a comprarlo.

3 comentarios:

Argax dijo...

Si la intención era promocionar dicho libro lo ha conseguido. Ya me he informado de precios y mejores lugares para su compra.

De cangrejos no entiendo aunque alguna muesca tengo en los pies de cuando iba a cogerlos a los corrales.

fiorella dijo...

Vengo del blog de Maikix. Justo colgás algo de Galeano. Cualquiera de sus libros son recomendables.Me marcó mucho Las venas abiertas de Latinoamerica. Si no te demorás y podés darte una vuelta por estos lares, te lo podés encontrar tomando un café y charlar con él. Es una persona cálida, uno más. Un beso

Puri dijo...

He aprendido mucho sobre los cangrejos. ¡Y yo que pensaba que eran cabezones y que lo que no tenían era cuerpo!
Apunto el libro de Galeano. He leído cositas sueltas de él y me han gustado mucho. Me ha gustado el blog, pasaré por aquí