31/12/09

De títulos y autores


Para muchos escritores lo peor es poner título al libro. A veces escribirlo es fácil pero una vez acabado, encontrar el título adecuado puede llegar a convertirse en un auténtico martirio. Hay autores que han renunciado a publicar por no haber podido encontrar el título perfecto. Para los historiadores y autores especializados en novela histórica, biografías, etc., la cosa resulta más fácil. Por ejemplo, Julio Valdeón no tuvo ninguna duda a la hora de titular su libro “Abderramán III y el Califato de Córdoba”. Cae de cajón. O por poner otro caso, para Francisco Javier Clavijero tampoco fue un problema su “Historia Antigua de México”. Son títulos fáciles que salen a la primera. “El magisterio filosófico y jurídico de Alonso de la Veracruz” de Antonio Gómez Robledo, ya es más complicado (y bonito), pero tampoco le llevó mucho tiempo.


Algunos títulos pueden ser excelentes como “101 consejos para el cuidado de su perro” o “Las reglas del Mus”, y sin embargo, para que se le ocurran a uno tampoco hace falta mucho esfuerzo ni grandes dosis de imaginación. Exactamente igual que “Introducción a la metafísica” de Bergson, o “Grandeza y Decadencia de España en el siglo XVI” de Rafael Arrillaga. Este tipo de libros como se puede ver, no suelen presentar complicaciones a la hora de ponerles título. En cambio las novelas o los libros de cuentos o poesía sí. Por citar un par de casos conocidos “Pequeñeces” del Padre Coloma, o “La Balada de la Cárcel de Reading” de Óscar Wilde sí que tienen su miga. Aquí se ve que se ha trabajado.


Hay títulos para todo. Algunos autores llegan a utilizar los títulos para mentir como bellacos sin ningún pudor. Esto es típico de los libros técnicos y de autoayuda que están tan de moda en nuestro tiempo: “Microsoft Word Fácil” de Heidi Steele; o “Usted puede conseguir el trabajo que merece” de Dorotthy Leeds, fueron ejemplos más que evidentes.


A algunos autores les resulta tan difícil encontrar el título adecuado, que desarrollan un truco y lo utilizan constantemente. Es el caso de Leonard Goldberg que ha publicado, entre otras, las siguientes novelas: “Tratamiento Mortal”, “Contagio Mortal”, “Cuidados Mortales”, “Medicina Mortal”, “Intervención Mortal” y “Transplante Mortal”. No he leído ninguna. Frank Herbert hizo algo parecido con Dune, Los Hijos de Dune, etc. Y otros autores más expeditivos recurren directamente a numerar los títulos como Neale Donald Walsch con “Conversaciones con Dios 1”, “Conversaciones con Dios 2” y “Conversaciones con Dios 3”. Y seguramente este hombre seguirá así, porque el tema da para más.


También los escritores de novela romántica emplean este tipo de estratagemas, a menudo de forma muy burda. “Amor eterno”, “La cautiva del amor”, “Mentiras de amor”, “Amor obstinado”, “Cita de amor”, “Un puente al amor”, “El camino del amor”, “La llama del amor”...son títulos que se pueden encontrar fácilmente en cualquier librería. Ya se ve que sus autores no se han complicado la vida. Con este sistema de la palabrita fija se pueden poner todos los títulos que se quiera. Sin cansarse. Hasta un niño puede hacerlo.


Ciertos títulos resultan tan desconcertantes que uno no sabe qué pensar: “Cómo hacer bien el amor a una mujer” y “Cómo hacer bien el amor a un hombre” son dos libros distintos, pero escritos por la misma persona, Regine Dumay, a quién no conozco. Otros en cambio no merecen ni siquiera el menor comentario. Es el caso de “Cómo adelgazar follando”, de Richard Smith. En fin.


NOTA: Para títulos bonitos, véase el índice de “El libro de las mandangas” de Darabuc.

30/12/09

Yo soy el que soy


Joseph Balsamo el conde de Cagliostro, mago, alquimista y caballero templario, fue un personaje fascinante. Vivió en el siglo XVIII entre Palermo, Malta, París, Londres y Egipto. Y a pesar de la ingente documentación existente sobre sus andanzas, seguimos sin saber quién era de verdad. Fundó una masonería, vivió en África, peregrinó a Santiago de Compostela y al final de su agitada vida fue perseguido por la justicia, acusado de innumerables delitos y encarcelado hasta su muerte en el castillo de San Leone, en Roma, condena de la que se libró de forma muy simple: desapareciendo de la celda.


Se ha probado que este hombre conocía el secreto de la piedra filosofal y podía convertir los metales en oro. Entre otras maravillas sabía como aumentar el tamaño de los diamantes con tal de que los diamantes fueran suyos; si eran de otro, el sistema no funcionaba (muchos banqueros actuales saben hacer algo parecido con el dinero). Además era adivino: predijo a María Antonieta que moriría en la guillotina. Aunque se ha intentado relacionar esta predicción con el hecho de que Balsamo hubiera participado como colaborador en el advenimiento de la Revolución Francesa, no ha podido establecerse ninguna relación causal entre estos dos hechos.


También era un excelente enólogo y químico. Elaboraba él mismo un vino con extraordinarias propiedades afrodisíacas; y una pomada que hacía a quién se la aplicaba diariamente eternamente joven, a menos que se acabara la pomada. Según se decía tanto el vino como la pomada eran realmente eficaces, por lo que todo el mundo se los quitaba de las manos a pesar de su altísimo precio.


A lo largo de su vida, Joseph Balsamo se hizo llamar por multitud de nombres distintos además de conde de Cagliostro: marqués Peregrino, Balsamo de Palermo, divo Cagliostro, conde Alessandro, coronel Cagliostro, rey de Prusia... Pero si le preguntaban quién era de verdad, aquel hombre siempre contestaba lo mismo: “Yo soy el que soy”.

Pinillo de oro (botánica)


El pinillo de oro (Hypericum ericoides), que no hay que confundir con la famosa trapecista de parecido nombre, es una matita peluda, de flores pequeñas y amarillas, que florece en verano, por San Juan. La hay en abundancia por toda la península ibérica.


La trapecista en cuestión, Pinito, se balanceaba en el trapecio sobre la pata de una silla. La silla era una silla de formica, normal y corriente, como la que teníamos todos en la cocina entonces. Esto era lo que más nos admiraba a los niños que después intentábamos imitarla en el salón de casa sin mucho éxito. Pinito murió no sé a que edad, tras un buen historial de accidentes y fracturas (no utilizaba red). Yo la vi en Orense una vez, cuando aun estaba entera.


El pinillo de oro en cambio nunca intentó balancearse en un trapecio. Prefirió y eligió ser una plantita discreta y nada más. Y esa es la razón por la que aparece aquí, viva a pesar de todo.

27/12/09

Un eufemismo


En un diccionario de eufemismos escrito por José Manuel Lechado García y publicado por la editorial Verbum, he encontrado uno sorprendente. Se trata, según el autor, de un eufemismo habitual en los boletines informativos que los colegios españoles envían a los padres de los alumnos, para mantenerlos informados acerca de la marcha de los estudios de sus hijos. Como no tengo niños, no estaba al corriente. Ignoro si la entrada (el eufemismo) y su correspondiente definición les producirán a ustedes la misma hilaridad que a mi. Dice así: Necesita mejorar = Va mal.

Tangram


Hice este libro-tangram hace años. Se titula “Cómo follar en colores con una silla”. Una especie de broma amistosa, dirigida a aquellos arquitectos (si es que la entienden, claro) que se empeñan en diseñar también muebles y otras cosas... Todas las cosas. El asunto del libro era ¿por qué demonios tienen que diseñarlo todo, absolutamente todo, incluso las manillas de las puertas? ¿Es que las que hay en el mercado no les sirven? ¿No les sirve lo que hace ningún artesano o ningún otro profesional, qué pasa? Yo mismo me he visto en una ocasión discutiendo con uno con docenas de catálogos de manillas de puertas sobre la mesa ¡y ninguna le servía! Por supuesto, él acabó haciendo unas peores... y mucho más caras.


El caso es que esta pasión de la arquitectura moderna (a mi juicio una desviación pedagógica fomentada por las universidades en las que estudian esos pobres chicos) los ha llevado durante todo el siglo pasado y este a crear multitud de piezas ya digo, manillas, tumbonas, exprimidores, urinarios, tablas de cortar, lámparas, alfombras y sobre todo, sillas. Sillas que al final y por lo general suelen servir para todo... menos para sentarse. ¿Quién no tiene una así en casa? Obviamente se trata de una cosa mía. Una manía, seguramente. Alimento una especie de amor-odio hacia esa clase de arquitectos a los que no acabo de entender del todo. ¿Por qué no hacen la casa y dejan los sofás, estanterías y el resto para otros? Si alguien lo sabe que me lo diga.


El caso es que el tangram, que es a lo que íbamos, consta de cuatro piezas geométricas negras (un recortable que va con el libro) que pueden combinarse entre sí para formar multitud de imágenes. Y el libro introduce al lector en el juego mostrándole cuarenta y ocho posibles combinaciones e invitándolo a desarrollar a continuación otras más... tantas cuántas quiera, pues este es un campo infinito. Perdón, ¿cómo dice usted? ¡por supuesto que se puede follar con una silla!

22/12/09

Siglas y abreviaturas en Roma


Solemos pensar que las abreviaturas y las siglas son un invento moderno como ONU, MSF, UNICEF, OTAN, etc., pero no es así, ni mucho menos. No somos tan originales. Los SMS también han hecho que se pongan muy de moda últimamente, pero las abreviaturas y los acrónimos son más viejos que la pana. Es verdad que hoy en día a veces resulta imposible entender ciertos artículos de prensa y mensajes de móviles debido a la gran cantidad de siglas que contienen, pero en realidad esto ocurrió siempre. O por lo menos desde los romanos, que se sepa.


Véase. Todo el mundo conoce las famosas siglas SPQR, Senatus Populusque Romanus, “El Senado y el pueblo de Roma” que presidían las banderas del ejército romano, ya que salen en muchas películas. Estas son siglas familiares y fáciles de entender, pero en la antigua Roma había muchas más y gran parte de ellas eran muy crípticas. Sólo si estabas al tanto podías descifrarlas. Era tal la abundancia de siglas y acrónimos en aquel tiempo, que un romano medio debía dedicar una gran parte del día a desentrañar el significado de cuantas se encontraba a cada paso. Resultaba agotador.


Un ejemplo es III VIR AAAFF. Una inscripción que llevaban todas las monedas de curso legal, o sea que te la encontrabas constantemente si tenías dinero. Son unas siglas complicadísimas como cualquiera puede ver. Literalmente significan Triunviri auro, argento, aere flando feriundo, que más o menos traducido viene a ser algo así como “Triunviro para fundir y acuñar en oro, plata y bronce”; una especie de autorización oficial. Lógicamente no todo el mundo conocía el significado de esta expresión, lo que de todas formas no impedía que las monedas corrieran de mano en mano (al igual que hoy se trataba siempre de las mismas manos); en este caso la inscripción era lo de menos. A veces también le añadían FPR (Fortuna populi romani) “La fortuna del pueblo de Roma”. Pero a fin de cuentas, daba lo mismo lo que se pusiera en las monedas: lo importante era la cantidad de ellas que pudieras tener.


NVNDNPO solía grabarse en las tumbas (Neque vendetur, neque donabitur, neque pignore obligabitur). Es todo un trabalenguas pero su significado está claro: “No podrá venderse, donarse, ni hipotecarse”. Al igual que HMHNS (Hoc monumentum heredes non sequitur), “Este sepulcro no pasa a los herederos”. Los romanos eran muy pejigueros con las tumbas, hasta el punto de que tenían una inscripción específica para aclarar que el sepulcro se lo había hecho uno mismo sin ayuda: DSFC (De suo faciendum curavit), “Edificado a sus expensas”; y otra para aclarar que lo había hecho otro: CFC (Coniux faciendum curavit) “Su cónyuge se encargó de hacerlo”.


También eran meticulosos en grado sumo, algo que se reflejaba mediante distintas combinaciones de letras. Si un esclavo huía, en cuanto lo capturaban lo marcaban en la frente con el acrónimo FHE (Fugitivus hic est), “Éste es fugitivo”. Otro ejemplo de abreviatura curiosa era SVBEEV (Si vales, bene est, ego valeo), que se ponía usualmente al final de las cartas. Algo así como “si estás bien, me alegro, yo estoy bien”. Un saludo bonito para despedirse de alguien, aunque algo complicado de entender si no estás habituado a verlo.


Las siglas también pueden resultar muy confusas. Incluso hoy. Por citar un caso obvio, PP, un acrónimo sobradamente conocido en España ya que se lo ha apropiado un conocido partido político, lo usaban los cristianos en las catacumbas para referirse a San José (Pater putativus). Y es que los primeros cristianos al igual que los romanos, también eran muy aficionados a esconder toda clase de mensajes detrás de un grupo de letras. No hay más que recordar IHS (Iesus hominum salvator); INRI (Iesus nazarenus rex judaerum); o IPD (In pace domini). O sea que lo de las siglas no es nuestro ni de hoy. Es de todos y de siempre.


Por último, LS (Lectori salutem) se ponía al principio de los libros. Significa “salud al lector”. Con el permiso de ustedes yo lo pondré aquí, al final.

18/12/09

Santa Mariña de Augas Santas (entre paréntesis)


La historia de esta santa natural de Xinzo de Limia (Ourense), es verdaderamente sorprendente. La contaré con brevedad para aquellos que no la conozcan.


Siendo Marinita una hermosa e ingenua pastorcilla (aun no era santa), se dedicaba a cuidar el ganado de su familia en Piñeira de Arcos sin hacer daño a nadie (años más tarde haría lo mismo otra famosa vaquera en la Finojosa). Un día la vio un gobernador romano (todavía no había aparecido en el mapa el Marqués de Santillana), y se enamoró perdidamente de ella. Este hombre que podría haberse llamado con toda tranquilidad Perfecto Bruto (un buen nombre romano), en realidad se llamaba Olibrio, y como Marina no le hizo ningún caso el tipo que era un sinvergüenza, se puso hecho una fiera (suele ocurrir).


La mandó prender (empezamos bien, abuso de autoridad), e hizo que la despellejaran con unos rastrillos de hierro (más, sadismo y violencia de género). Pero Marina apareció al día siguiente como nueva (sorpresa mayúscula pues aun no se conocía en aquel momento la cirugía plástica reparadora). Después el romano la arrojó a un pozo atada de piés y manos (agresión con daños), pero tampoco tuvo éxito pues las ligaduras se soltaron y Marina, que había practicado de niña natación sincronizada, no tuvo ningún problema para mantenerse a flote. Deseperado Olibrio hizo que metieran a la muchacha en un horno encendido (como se puede ver no se andaba con tonterías), pero San Pedro que está a la que salta, la rescató ilesa (en esta vida no hay como tener buenos amigos situados en puestos clave en las alturas).


Por último el gobernador la ordenó decapitar (homicidio, esta vez sí). Pero el sistema tampoco funcionó pues la chica una vez decapitada siguió sin atender a sus demandas amorosas (chasco total). Así que Olibrio tuvo que rendirse y renunciar por fin a sus absurdas pretensiones. El resto es conocido: en el sitio donde cayó la cabeza de la santa (obviamente a estas alturas ya era santa) nacieron tres fuentes cuyas aguas, como se puede deducir por el título de este cuento, también son santas. Pueden ustedes ir a verlas y comprobarlo por sí mismos (es lo que se llama “ir a las fuentes”).


NOTA: Además de las tres fuentes (santas) de Santa Mariña de Augas Santas, en el mismo lugar existe un roble santo, que parece ser fue propiedad de la santa. Nunca se ha podado este árbol milenario (y santo), pues se dice que si algún día se cortan sus (santas) ramas, de ellas manará sangre (probablemente santa).

Isaías


Fue una lástima que no se cumpliera la profecía de Isaías en la que auguró que los montes y las colinas romperían a cantar. Hubiera sido un espectáculo fantástico: mucho mejor que All that Jazz.

16/12/09

El Buho Disecado

Unos amigos me han hablado de un proyecto realmente original que desean llevar a cabo: resucitar y publicar en español "El Buho Disecado", la famosa revista de Wyndhan Lewis que antologizaba la peor poesía existente en el mundo. Los “clásicos monumentales de la mala literatura” como los llamaba Chesterton. No puedo por menos de prestarles todo mi apoyo, como mínimo moral, en tan arduo e ingente trabajo. Y ardo en deseos de tener entre mis manos el primer número de esta publicación... supongo que será gigantesco.

Tacirupeca


Tacirupeca es el cuento de Caperucita más o menos -silábicamente- al revés. Mucha gente se lo sabe entero de memoria. Dice así: “Bai tacirupeca rop le temon dotancan temengrelea: Ralatrá, ralatrá, ralatrá... / Y de tepenre ¡mup, le bolo! / ¿Adedon vas, tacirupeca? / Yvo a saca de mi talibuea”. Se puede seguir así hasta el final, pero no deja de ser una tontería enorme.

12/12/09

Cerdos famosos (breve diccionario)


Babe. Todo el mundo lo conoce. El simpático cochinillo, además de gran actor es un admirable ejemplo de valentía, tenacidad y superación personal. Y su historia, una maravillosa en la que el pequeño lechón nos mostró cándidamente cómo un diminuto gorrino con corazón, puede llegar a convertirse en un verdadero héroe siendo tan solo él mismo. (Aplausos).


Black Beauty. Esta cerda solípeda propiedad de Anna Sewell, la famosa escritora inglesa, fue una excelente corredora de larga distancia y en cierta ocasión llegó a ganar, contra todo pronóstico el Gran Derby. La vida de Black Beauty fue objeto de numerosas biografías y películas, entre estas últimas una muy famosa protagonizada por Liz Taylor niña.


Calco. Rey de los Daunios que estaba enamorado de Circe. Su historia es muy complicada. Circe era una maga muy poderosa que vivía en la isla de Ea. Cuando Ulises llegó allí, Circe se enamoró de él enseguida ya que Ulises era muy guapo y Circe no había visto nunca a nadie así. Calco por aquel entonces cortejaba a Circe constantemente, así que ésta para librarse de él lo convirtió en cerdo; un procedimiento tan válido como cualquier otro para deshacerse de un pretendiente. En su nueva condición Calco se volvió un rey justo y sabio, muy apreciado por sus súbditos que prefirieron siempre su nueva naturaleza a la antigua.


Cerdo de Espasante. Gorrino elegido cada verano en Espasante (Ortigueira), al que se da durante seis meses un alojamiento de primera categoría en la conocida localidad coruñesa. El marrano, que es cuidado con mimo por todos los vecinos, tiene el privilegio de andar libremente por las calles de Espasante, presentarse donde quiera, a cualquier hora del día o de la noche, y ser recibido siempre con grandes honores. Esta tradición recuerda la de la Cerda Presentárea de Roma (véase la entrada Proserpina Cesárea más abajo), si bien en este caso el gorrino no es sacrificado, sino adjudicado en sorteo el día 6 de enero. Lo que haga después su propietario con él ya es cosa suya. Existe un monumento a este cerdo en el centro de Espasante, que puede visitarse de forma gratuita.


Cerdo de Leibetra. Legendario cochino tracio de gigantesco porte que asoló la ciudad de Leibetra, y en un solo día la convirtió en ruinas. Según se dijo entonces, la justa furia de este animal se debió a la profanación de una tumba de Orfeo. Para comprender lo de “justa”, hay que leerse la historia de Orfeo entera.


Charlotte’s Piggy. El famoso “Cochinito de Carlota” no era un cerdo real, sino un cerdo-hucha. Los cerdos-hucha, también conocidos por el nombre de lechones de ahorro, son seres muy interesantes y útiles pero no son verdaderos cerdos, por lo que no vamos a perder el tiempo hablando de ellos aquí.


Eubuleo el Benévolo. Cerdo mago que presidía las ceremonias de Eleusis. Se desconoce cual era exactamente su papel en los famosos “Misterios”, aunque algunos autores opinan que Eubuleo dirigía a los jóvenes en la legendaria “Ceremonia del Fuego”, los hacía atravesar desnudos las llamas y los devolvía ilesos al mundo.


Kikungugochu. Bondadosa cerda guipuzcoana que tenía el corazón de un pájaro y el ansia de volar. Esta cerda, asturcelta pura, perteneció a Mariasun Landa, profesora de filosofía en San Sebastián, que la cuidó y alimentó delicadamente durante años con sonatinas y habas nuevas en ensalada. Kikungugochu con el tiempo, efectivamente aprendió a volar, empleando para ello tan sólo su limpia alma de pájaro y sus anhelos (véase la entrada Wilbur más abajo).


Murcina. Princesa cerda de raza chata ibérica, que vivió en la antigua Tartesos y fue muy admirada por su belleza, por la elegancia de su figura y por sus exquisitos modales en la mesa. Philippe Lechermeier la había incluido en el primer manuscrito de su famoso libro “Princesses oubliées ou inconnues”, pero la ilustradora Rebeca Dautremer se negó a dibujar la oronda efigie de la gorrina, alegando falta de ganas. Debido a este contratiempo, Lechermeier al final tuvo que excluir a la princesa Murcina de la edición del libro, lo que explica que la bella paquiderma no aparezca en él.


Napoleón. Verrraco de aspecto imponente de la raza Berkshire que fomentó la rebelión en la Granja Manor y tras la Batalla del Establo de las Vacas, se hizo con el control político y económico de la misma. Napoleón, que empezó haciéndose llamar camarada por el resto de los animales, acabó convirtiendo la granja en un régimen dictatorial y personalista basado en la represión de las libertades y en la explotación sistemática de los trabajadores. Sus acólitos lo llamaron “Protector del rebaño de ovejas”, “Amigo de los desheredados, “Amigo de los patitos”, “Sol que deslumbra al cielo” y otras perlas semejantes, con el fin de desviar la atención del pueblo de su gobierno de sangre y terror. Por supuesto, Napoleón acabó convirtiéndose en un hombre... tal vez ya lo era antes.


Olivia Falconer. Pequeña y simpática gorrinilla de raza danesa que nació en Connecticut en la década de los cincuenta y se crió en Nueva York, donde estudió danza y arte contemporáneo con gran aprovechamiento. Gracias a un fortuito golpe de suerte en la bolsa, en 1962 Olivia se hizo multimillonaria. Entonces adquirió varios cuadros de Degas (su pintor favorito) en Sotheby’s y se dedicó por entero al coleccionismo de arte, especializándose en mobiliario decó y maestros del XIX. Actualmente Olivia vive cómodamente en Miami y su galería privada de impresionistas y pre-impresionistas es una de las mejores de América.


Proserpina Cesárea. Cerda romana de buena cuna que fue sacrificada en el año 48 en el Capitolio con un difunto de cuerpo presente, con el objeto de purificar a la familia del finado. El experimento resultó un éxito, por lo que de allí en adelante y en honor de Proserpina, los romanos instituyeron el rito de matar a una cerda a la que llamaron Cerda Presentárea, en todos los funerales.


The Three Little Pigs. Aunque todo el mundo conoce el cuento de estos tres famosos gorrinos, pocos se han dado cuenta de las implicaciones políticas y sociales que subyacen en la historia. No es un cuento tan inocente como parece. Baste decir esto: el primero de los cerdos que hizo una casa de paja, era (obviamente) campesino. La casa fue derribada de un soplido por el lobo y el pobre lechón murió devorado por el cánido. El segundo cuya casa era de madera, era carpintero y siguió el mismo trágico destino que su hermano. Y el tercero por fin, que hizo su casa de ladrillo era constructor (¿de qué otro modo si no podría haberse hecho una casa de ladrillo?). Pues bien, este se comió al lobo. Piensen ustedes lo que quieran.


Wilbur. Este diminuto ejemplar de chester blanco, que llegó a ser profesor en Harvard a pesar de su baja estatura, se hizo famoso (y rico) al inventar la agenda de “día por página”, en la que el usuario podía anotar cada una de las actividades diarias en una línea distinta, hora por hora. La agenda, que Wilbur ideó y desarrolló en colaboración con Mrs. Templeton, fue un éxito de ventas, y su patente reportó al pequeño chester pingües beneficios. David Wiesner, el ilustrador, llegó a utilizar la agenda Wilbur en 1991 como base para elaborar su famoso libro “Tuesday”, en el que los cerdos consiguen por fin (un sueño largamente acariciado por esta especie desde siempre) volar.

9/12/09

Rise and fall of the (in)famous artist Richard Bransk


La historia de Richard Bransk merece ser contada. No es conocida. Richard Bransk nació en Castle Rock (Dakota del Sur), un verano de 1980. Fue el tercer hijo de Zoromin Bransk, un inmigrante polaco profesor de humanidades que se hizo multimillonario en los Estados Unidos gracias a los bonos basura; y de Concepción Hidalgo, la segunda esposa de Zoromin, una extravagante artista de origen mejicano cuyas elaboradísimas composiciones plásticas realizadas a base de piel de lagarto fueron muy famosas y admiradas en su época.


El pequeño Richard, de gran precocidad artística, parecía estar llamado desde muy joven a ocupar un lugar de privilegio en el mundo del arte. Dibujante mediocre, peor músico y carente por completo de talento para la escultura y para cualquier otra disciplina artística, recibió sin embargo gracias a la influencia y el dinero de sus progenitores, una esmerada educación en las mejores escuelas de arte de América y Europa. A las de África no fué porque: a) creyó que no había. b) y esto es una opinión: tal vez en ellas hubiera aprendido algo. Pero no. A la tierna edad de once años el pequeño Richard se hizo con seis tablas viejas desechadas por un pocero que trabajaba en la hacienda familiar, las embadurnó con pintura gris y las clavó malamente en un lienzo junto con unas cuerdas mugrientas. El resultado fue “Trío Gris”, una obra presentada por su madre en el Moma y descrita entonces por el prestigioso crítico Hans William Rogers, buen amigo de la familia, como: “ Vivaz, arrebatada y de una extraordinaria maestría y elegancia. Esta primera obra de alguien tan joven sorprende no sólo por su precocidad, sino sobre todo por su brillantez. Si bien en un formato reducido, “Trío Gris” no es por eso una obra menor. Es ya todo un Bransk y anticipa a un artista que dará mucho que hablar en el futuro.”


Efectivamente. “Trío Gris” habría de marcar el inconfundible estilo de las siguientes obras de Richard, construidas casi siempre con materiales de desecho, generalmente tablas viejas y sucias, dispuestas sobre el lienzo arbitrariamente, más o menos en forma de aspa, y torpemente decoradas con algún otro objeto igualmente deleznable y a menudo apestoso. Unas composiciones que en palabras del ya citado Hans William Rogers: “...se alejan del arte povera, del trash-art y de otras tendencias similares, y aun bebiendo en las fuentes del ready-made, de la geometrización abstracta y de las instalaciones conceptuales más vanguardistas, constituyen una nueva visión, clásica en su planteamiento pero revolucionaria en el estilo y en la forma. En Bransk el collage creativo y la intervención técnica responden no tanto al deseo simbolista de introducir en el discurso artístico fragmentos de realidad, como al de sacudir la conciencia del espectador con una propuesta radical e inacabada, y hacerlo consciente de su diminuta infinitud frente a la grandeza de la historia y del arte.”


En 1996 Richard viajó a París, donde residió durante dos años y tuvo ocasión de tomar contacto con las vanguardias europeas. Allí produciría sus obras más brillantes. Algunas legendarias como “Purple 4” y Purple 7”, inspiradas en el color del vino de Borgoña que tanto llegó a apreciar (se dice que solía consumirlo a menudo con sus amigotes acompañado de foie y pan de Poilâne en las tabernas de la Ille de la Cité). O como la famosísima serie “Tableaux”, en la que la influencia francesa es más que notable y puede apreciarse sobre todo en el título, ya que como un gran artista fiel a su estilo sus composiciones seguían siendo las mismas, con las mismas cuatro tablas viejas de siempre. Su fulgurante ingreso en la Academia de las Artes Francesa al día siguiente de su llegada a la Ciudad de la Luz, no fue sino la consecuencia previsible de los innumerables donativos con los que sus padres y un nutrido grupo de empresarios y amigos leales agasajaron a los más respetables miembros de dicha institución. Todo un éxito. Su ascenso era imparable. Durante gran parte del año 1997, cuando apenas tenía diez y siete años, Richard publicó con asiduidad sus impresentables dibujos en todas las revistas artísticas de Europa e hizo innumerables exposiciones en las mejores galerías, gracias sobre todo a la eficiente estructura empresarial y de tráfico de influencias precisamente diseñada y convenientemente alimentada por sus promotores.


A finales del mismo año la antológica “The New Richard Bransk” en el Grand Palais, que se repuso acto seguido en la Tate Gallery y después en el Reina Sofía de Madrid, lo consagraron definitivamente como el gran artista americano del siglo XX. La crítica, o sea Hans William Rogers de viaje en París, emitió el siguiente comunicado desde el Crillon, donde se alojaba: “Bransk ha superado el síndrome autista de las instalaciones, del video-art y del conceptualismo que ha presidido el arte moderno, devolviéndonos el gran arte, el de los cuadros-basura que nos muestran la belleza de lo horrible y nos invitan a reflexionar sobre la grandeza y la mentira. Este artista temperamental, con sus sorprendentes composiciones en las que predominan la suciedad y el silencio, nos trae ecos del droping-art y de los verdaderos y grandes descubrimientos del último arte que había perdido el sentido de lo auténtico. Bransk y su virtuosismo ponen en duda nuestro sentido de lo correcto con un latigazo de realidad. Recibamos al nuevo héroe del arte. ¡He aquí al Pollock del siglo que viene!”.


En 1999 Bransk regresó a América para exponer en el Moma y convertirse a los diez y ocho años, en una leyenda viva. Sus cuadros, convenientemente apoyados por unos cuantos amigos poderosos situados en puestos clave, se convirtieron de la noche a la mañana en el gran negocio del arte del momento y rápidamente encontraron un hueco en todas las grandes colecciones. Y Bransk se convirtió en “El Gran Bransk”. Los museos se lo disputaban. Las revistas especializadas le dedicaban grandes reportajes. Las editoriales publicaban cualquier escrito suyo, aun aquellos que carecían totalmente del mínimo valor artístico (que eran la mayoría). Random House llegó a editar en dos lujosísimos volúmenes las listas de la compra y los post-it que Richard pegaba en la pared de la nevera de su casa, con los títulos de “Shopping with Bransk” y “Write on White”.


Era una locura. Los coleccionistas mataban por hacerse con un cuadro suyo. Y no es una metáfora: “mataban” por hacerse con un cuadro suyo. Randolph William Hearst, el magnate de la leche, planeó y pagó en 1999 el asesinato de Javier de Ville, su amigo de la infancia y vecino en Beverly Hills, con el único objeto de robarle sus seis Bransks. Mathew Neerland, el multimillonario actor de cine, ordenó el secuestro de su primo Markus Halle-Gainsborough y pidió como rescate a la esposa de aquel los tres Bransk que poseía la familia. La señora Gainsborough, haciendo gala de una entereza fuera de lo común no accedió al chantaje y de ese modo perdió de vista a su marido para siempre, aunque se tuvo que quedar los cuadros. Dos redactores del Post demostraron que Jorge Toledo, senador demócrata por el estado de Nuevo Méjico, extorsionó en Washingthon en 1998 a tres gobernadores que poseían obras de Richard, con el único fin de hacerse con ellas... Todas estas personas fueron juzgadas por sus crímenes y convenientemente absueltas. Y es que por lo general, en aquella época hasta los jueces consideraban lícita cualquier cosa con tal de hacerse con un Bransk.


Entonces la pregunta es ¿por qué cayó? Los cuadros eran basura, es cierto, pero obviamente esa no fue la causa. A fin de cuentas las mejores colecciones de arte contemporáneo están llenas de obras infames, instalaciones idiotas, y dibujos y fotografías que uno ni siquiera utilizaría para limpiarse el culo. Claro que tratándose de arte este hecho es intrascendente, siempre que haya alguien dispuesto a pagar por el papel higiénico una buena suma de dólares. Pero el caso de Bransk fue distinto. Tuvo mala suerte. Una sucesión fortuita, lamentable e inesperada de fatales casualidades lo condujo inexorablemente a la catástrofe.


El desastre empezó a fraguarse en 2001 cuando un desconocido periodista, John Greensboro, encargado de la sección de arte del Norton Herald Tribune de Marion, una diminuta localidad de Alabama, escribió un pequeño artículo a propósito de una miniexposición itinerante de Bransk en la escuela de secundaria local. La exposición formaba parte del programa “Culture and People”, financiada por el Bank of América y se titulaba “Good Cool Wood”. La reseña de Greensboro, que tendría que haber sido la típica crítica de provincias sin ninguna consecuencia y poco comprometida, se convirtió en otra cosa, debido sobre todo a la circunstancia casual de que John padecía un fuerte dolor de espalda el día en que visitó la exposición: “...aunque este joven artista ha tenido algún éxito reciente en Europa, lo cierto es que su obra resulta inconsistente. Esto puede apreciarse tan sólo echando una ojeada rápida a la muestra que se presenta estos días en la sala de arte de la St. John School, en Downing St. 6. Si bien algunos dibujos tienen cierto interés aunque no sabría decir cuál exactamente, la pieza estrella, “Políptico Verde 6” que es una de las de mayor tamaño, es una obra totalmente fallida. Repito: fallida. En concreto la tabla tres de esta composición (la tercera contando desde la izquierda y desde arriba) no tiene la inclinación adecuada. Debería de tener treinta grados con respecto a la horizontal en lugar de los treinta y dos que tiene. El ángulo con el que la ha colocado el autor resta brillantez a la obra y enturbia la armonía del conjunto. Y la diametralidad inversa se ha perdido. Además, no es lo bastante vieja. Por otra parte la tabla siete (segunda contando por la derecha desde arriba) muestra innumerables defectos de forma inaceptables en un artista de la categoría de Bransk, al que tanto se ha alabado. Los tres clavos que sujetan dicha tabla al lienzo no están lo suficientemente oxidados y el brochazo de pintura roja que la cruza de un lado a otro no es feo y anula el sentido dramático del conjunto. Por otra parte, la construcción en general se ve pobre e infantiloide y transmite una impresión, por ingenua, casi agradable. Además el acabado sintético e integrado de los volúmenes no está logrado. Ayer mismo una de las tablas del políptico se desprendió y cayó al suelo y yo mismo tuve que ayudar a levantarla y reponerla en su lugar”.


He aquí la primera casualidad. Nada podía molestar tanto a Greensboro aquel día como tener que agacharse y realizar un esfuerzo físico suplementario: “... tres visitantes tuvimos que pegarla como pudimos con supergén. James Mudock, el bedel de la St. John School que estaba presente, puede atestiguar lo que digo. En definitiva, una exposición tal vez interesante en algún aspecto como ya he dicho, pero en todo caso de un artista mediocre al que aun le falta mucho para llegar a algo a lo que me atrevería a asegurar que tal vez no llegue nunca. Señores del Bank of América: déjense de pamplinas; el que esto sea Marion no quiere decir que seamos idiotas. Traigan una exposición decente de una .... vez.“


Por supuesto el Bank of América no se echó a temblar por esto y el artículo hubiera pasado desapercibido para la crítica de no ser porque John Greensboro tenía un primo segundo en New York (he aquí la segunda casualidad) deseoso de hacer carrera. Se llamaba David de Moore. David era por aquel entonces un guapo y meritorio jovencito, secretario y amante de Neuman Winsfield, crítico de arte del New York Times (he aquí la tercera casualidad). Todo parece indicar que fue David inconscientemente, el verdadero causante de la caída de Richard Bransk. El 16 de julio de 2001 Winsfield, que tenía una columna semanal en la sección de arte del New York Times, publicó un artículo firmado por él y obviamente inspirado por el de Greensboro, en el que negaba cualquier talento, por mínimo que fuese, a Bransk. Pero el artículo en realidad fue escrito por David de Moore. Winsfield no estaba en condiciones de hacerlo aquel día. Un guiso de cabra en mal estado ingerido la noche anterior durante una cena en el Four Seasons lo había dejado fuera de combate (he aquí la cuarta casualidad).


Winsfield, que tenía una fe ciega en el talento de su protegido, pidió a David que escribiera él mismo el artículo suponiendo que se limitaría a hacer un refrito con otros artículos anteriores, aderezado con unos cuantos tópicos y lugares comunes (que había muchos) acerca de Bransk. Pero David era demasiado joven y demasiado guapo. No tenía ni idea de arte y mucho menos de Bransk. Angustiado ante la perspectiva de tener que escribir el artículo y sin saber ni siquiera como empezar se desesperó y entró en una crisis nerviosa. Entonces, presa de un ataque de bulimia compulsiva producto del estrés y sin saber qué escribir, abrió el paquete de comida que semanalmente le enviaba su madre desde Marion y casi no pudo creer lo que vieron sus ojos. Allí mismo, en medio del paquete había unas deliciosas morcillas de corzo cuidadosamente envueltas en una página del Norton Herald Tribune con un artículo titulado: “Richard Bransk: ¿un artista?, por John Greensboro”. Y he aquí la quinta casualidad. David leyó el artículo de su primo varias veces y, aunque tenía varias manchas de grasa lo copió y resumió como pudo. Y lo envió al periódico. Firmado por Winsfield.


Y la palabra de Winsfield era Palabra de Dios, te alabamos Señor. El artículo estaba firmado por él y aquello fue el principio del fin de Bransk. Los coleccionistas empezaron a deshacerse de las obras de Richard a toda velocidad. La mayor parte se vendieron en el mercado negro a un precio de risa. Tener un Bransk en casa era como no tener nada. Mucho peor. Ser propietario de uno era una auténtica vergüenza. Entre la alta sociedad y los grandes coleccionistas americanos la frase “Todavía tiene un Bransk” referida a alguien, se convirtió en una maldición que sentenciaba al aludido al ostracismo y le negaba totalmente la posibilidad de ser admitido ni siquiera en el peor club de la ciudad. En sólo dos meses el Moma liquidó todas sus existencias en Sothebys a través de una filial interpuesta, pero los beneficios obtenidos por las ventas apenas llegaron para cubrir gastos. El Museum of Modern Art de Chicago y la Flick donaron sus colecciones, aunque aun hoy se desconoce la identidad de los beneficiarios; y La Tate se limitó a arrojar todos los cuadros de Bransk que había en sus fondos al Támesis, lo que le valió una fuerte multa del ayuntamiento de Londres por arrojar basura al río.


De la noche a la mañana Richard se convirtió en persona non grata. Y dejaron de invitarlo a las inauguraciones. Como consecuencia de ello dejó de comer pinchos y canapés y su salud se resintió, ya que era de lo que se alimentaba básicamente. Enfermó, y acuciado por las deudas malvendió los pocos cuadros que le quedaban a su asistenta y a su chófer que poco después lo abandonaron y lo denunciaron por estafa. Hasta su familia le dio la espalda. El 27 de noviembre de 2001 Richard fue hallado muerto en su apartamento del West End por el portero del edificio, Andrés Ramírez. Este hombre declaró a la policía que había entrado en la casa del artista forzando la puerta, con la intención de recuperar los diez y seis dólares con treinta centavos que le había pagado dos semanas antes por el grandioso políptico “Table Over Table”. Andrés Ramírez, acusado de allanamiento de morada y robo por la fiscalía, fue absuelto por el juez que entendió que tratándose de un Bransk, su comportamiento estaba justificado.


Y entonces, con Richard muerto, su obra y su recuerdo desaparecieron del mundo para siempre. Se borró su nombre de los libros de arte y de las enciclopedias; se destruyeron los vídeos y grabaciones en los que aparecía. Las bibliotecas y hemerotecas se encargaron de eliminar todo rastro de su persona, y las galerías y colecciones privadas que habían tenido obra suya reeditaron sus catálogos rápidamente omitiendo en ellos cualquier mención a su obra. Y Bransk desapareció por completo. Si a estas alturas usted aun se está preguntando por qué no había oído hablar nunca de él, en las líneas que preceden tiene la respuesta.


Epílogo (Ars longa vita brevis).

Por supuesto mientras ocurría todo lo anterior, la mayor parte de los amantes del arte de todo el mundo, aficionados y expertos, connaisseurs y visitantes ocasionales, niños y viejos, jóvenes, hombres y mujeres de todas clases, como habían hecho siempre siguieron visitando la Catedral de Reims o Venecia; siguieron viajando a España para ver de cerca el Entierro del Conde de Orgaz o a Velázquez en El Prado; siguieron peregrinando a Italia para visitar Florencia y los museos Vaticanos; y a Francia para ver la Gioconda; y en fin, a donde fuere para ver lo que hubiere. O sea, por decirlo claramente: a toda esa pandilla de ignorantes en pantalones cortos o largos, vestidos de traje o con camiseta e incluso en chándal, pero con pretensiones culturales (entre los que seguramente nos contamos usted y yo), que andan por las ciudades del mundo cámara en ristre o libro de arte bajo el brazo, lo del tal Bransk les (nos) importó un rábano.


Así es la vida. That´s life. Good luck Richard!

El Marqués tal cual es


Don Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, era un peligro total. Cada vez que salía al campo a dar un paseo, todas las zagalas y pastorcillas de España se echaban a temblar. Y con razón.

8/12/09

El hombre que vivía como Dios


El hombre que vivía como Dios siempre fue muy envidiado. La gente lo veía por la calle y decía:


– Ese tipo vive como Dios. Ojalá pudiera vivir yo así.


Pues no. La gente sólo ve lo de fuera y así pasa lo que pasa, que se sacan conclusiones apresuradas. Y erróneas. En realidad aquel hombre tenía muchísimo trabajo. No paraba. Por las mañanas tenía que retirar todas las estrellas (que son millones y millones) y hacer salir el sol. Después, a lo largo del día tenía que cambiar de sitio las nubes, hacer llover, subir y bajar las mareas, provocar alguna catástrofe, un terremoto o dos, incendios por rayo, algunos derrumbamientos, acentuar el cambio climático, etc. Y al mismo tiempo vigilar el curso de los ríos, que las montañas siguieran en su lugar... En fin, tenía multitud de tareas muy complejas. Era agotador.


Después, cuando tenía un momento libre para sentarse en una terraza a tomar una caña, la gente lo veía tan sonriente y satisfecho que pensaba que aquello era Jauja. Y no. Jauja es una ciudad del Perú.

6/12/09

Lágrimas


La muchacha que al llorar derramaba perlas valiosísimas en lugar de lágrimas llevó una existencia muy desgraciada. De pequeña sus padres la castigaban constantemente, nadie sabe bien por qué. Después se independizó y consiguió un trabajo en el sector privado; pero también allí su jefe le reñía por todo. A lo largo de su vida se casó tres veces y en ninguno de sus matrimonios fue feliz. Sus maridos no la querían: la hicieron sufrir mucho. Y sin embargo, cuando murió todos la echaron de menos.

La ascidia

La ascidia es un animal fascinante. Es un organismo multicelular acuático muy primitivo, pero no por ello poco inteligente. Al contrario, lo es y mucho. Este pequeño ser dispone de unos minúsculos órganos natatorios y de un diminuto pero eficiente cerebro. Y eso es todo lo que necesita.


Durante sus primeras horas de vida la ascidia, que tiene al principio el aspecto de un renacuajo, nada afanosamente y emplea su cerebro en localizar alguna roca o superficie firme a la que sujetarse. Una vez que la ha encontrado, le parece que es la adecuada y decide quedarse allí, se aferra a ella firmemente con una ventosa que posee. Después devora sus propias aletas, la cola y el cerebro, pues sabe que ya no necesitará estos órganos nunca más. A esto lo llaman los científicos “metamorfosis retrógrada”. No sé a ustedes, pero a mi, el hecho de que devore su propio cerebro, me parece un rasgo de inteligencia que roza lo paranormal.


Una vez hecho esto, la ascidia se convierte en una especie de vegetal parecido a un nabo y vive como tal el resto de su vida. ¿No es eso la gloria? Si creen que es fantasía consulten cualquier libro de ciencia. Se lo repetiré: as-ci-dia. A propósito de esto y para terminar les diré que un buen amigo mío, que es funcionario, odia que le cuente esta historia, lo que yo de todas formas suelo hacer a menudo. Por incordiar.

4/12/09

Digital (botánica)


Digital (Digitalis purpurea). Una planta preciosa que se puede ver por todas partes en España. Ignorantes tanto de sus numerosos y bellísimos nombres, como de las incontables propiedades médicas de esta planta, los niños de antes simplemente solíamos hacer estallar sus flores púrpura en forma de campánula entre los dedos, para conseguir un divertido sonido parecido a “plop”. Los niños de hoy hacen lo mismo con el plástico de burbujas.


La digital es una de las plantas preferidas por los médicos. Han encontrado muchas utilidades en ella. Además se cría en cualquier parte y como ya he apuntado antes tiene otros muchos nombres preciosos, como por ejemplo estallones, uvas de Nuestra Señora, copos de nena, petardos, croques, calzones de cuco, zapatitos de Cristo, belitroques y dedaleras... por citar solo unos pocos.

2/12/09

El reino sin rey

En el reino sin rey, como es lógico tampoco había súbditos. Durante las fiestas, que duraban todo el año, todas las prohibiciones quedaban en suspenso y las leyes no tenían validez. En este reino los ricos eran pobres y los pobres no.

Manipulaciones


Esto es una explicación. Normalmente manipulo fotos o ilustraciones para incluirlas junto a los textos de este blog, como saben quienes me leen; o utilizo otras que son mías. Como el tema de la autoría me preocupa especialmente ya que he sido fotógrafo e ilustrador en el pasado, suelo revisar el blog de vez en cuando y hacer un balance de lo que se podría calificar como imágenes “totalmente mías”. Bien sea porque yo mismo he hecho las fotos en persona; o porque he dibujado las ilustraciones; o porque he transformado una imagen ajena hasta el punto de conseguir otra completamente nueva. Photoshop sirve para esto y no sólo para adelgazar chicas o añadir six-packs a los jefes de Estado. Y por otra parte cuento también el número de imágenes que son de otros, prestadas... o libremente tomadas por mi (sin permiso, lo confieso) y a las que he sometido a un mínimo tratamiento, por lo que no puedo en justicia considerarlas del todo mías.


En general intento que el ratio sea más o menos de 8 a 2; es decir, que haya por lo menos un ochenta por ciento de imágenes propias frente a las ajenas, por decirlo así. No he encontrado un cuento adecuado para esta foto y por eso escribo esto. La foto, que es de Banco de Imagen y de la que al final estoy enamorado, tras sufrir varias manipulaciones ha acabado convertida en lo que ven (hay una gran parte de azar en esto y a menudo aparecen cosas inesperadas). Tal vez me gusta porque me recuerda vagamente, salvando las distancias, por supuesto, a Sorolla, uno de los más grandes pintores españoles, al lado de cuya casa en la calle Martínez Campos de Madrid, viví un tiempo y visité a menudo. ¡Y luego dicen que el pescado es caro!

1/12/09

El papagayo de Corina


Que el papagayo de Corina, la amante de Ovidio, no era un papagayo normal y corriente está claro. Se trataba de un ave excepcional sin ninguna duda. Vivió a principios de nuestra era en Roma y murió muy joven. Que sepamos pasó a ser propiedad de Corina en el año 3 a.C., y murió, se supone que santamente, en sus manos en marzo del 14 d.C., sin que haya podido aclararse con exactitud la causa de la muerte. Con respecto a este punto se ha barajado la posibilidad de que su fallecimiento se debiera a la ingestión por error, de una nuez venenosa. En concreto una de la variedad Strychnos Nux-Vómica, traída de Asia por un primo de Corina, el tribuno Sempronio Fabio.


Este hombre que era aficionado a la botánica, de regreso de uno de sus viajes se alojó entre febrero y marzo del 14 d.C. en casa de Corina durante unos días, y fácilmente pudo dejarse olvidadas encima de la mesa algunas semillas de nuez vómica junto con otras curiosidades botánicas (parece ser que el pájaro sentía pasión por las nueces y las consumía en grandes cantidades). En cualquier caso esta tesis no ha podido probarse. Sí se conocen en cambio las últimas palabras del papagayo antes de morir: “Adiós, Corina”, que como muy bien se ha apuntado, dan muestra del gran aprecio que sentía el ave por su dueña.


La especie a la que pertenecía ha suscitado innumerables controversias. Muchos creen que era un Lorito Africano, un pájaro de unos 30 cm de longitud, de vivo colorido azul, verde y gris, y que aprende a hablar con gran facilidad; o un Inseparable de Cabeza Roja, también africano pero más pequeño. Pero otros, apoyándose en dos datos señalados por Ovidio, los colores de sus plumas (verde y rojo intenso), y que provenía de las Indias Orientales, sugieren que podría haberse tratado de algún tipo de periquito o cacatúa. Estas aves son comunes desde Nueva Guinea hasta Australia y se conocen varias clases que podrían encajar con la descripción del de Corina, como el Periquito Real (Alisterus Scapularis) o la Cacatúa Nariguda (Cacatúa Tenuirostris).


Su orientación sexual también ha sido muy discutida. Está claro que sentía un amor platónico e irracional por su ama, pero es improbable que mantuviera relaciones íntimas con ella. Corina era una amante muy exigente, que en cierta ocasión obligó a Ovidio a hacerlo nueve veces en una sola noche, y es dudoso que un pájaro pudiera mantener este ritmo mucho tiempo. En cambio sí se ha probado que el locuaz papagayo compartió jaula y cama con un bello tórtolo hasta el fin de sus días, por lo que tal vez fuera gay. Los periquitos suelen serlo. En cualquier caso era un ave extraordinaria. Los numerosos testimonios de sus contemporáneos nos han dejado el retrato de un pájaro cortés y elegante, dotado de un fino sentido común, y cuya conversación y compañía eran una delicia para los sentidos.


Este papagayo está enterrado en el Elíseo, en una pequeña tumba de mármol en la que puede leerse un hermoso epitafio:


“Se ve por mi tumba que complací a mi dueña,

mi pico supo hablar más de lo que habla un ave.”


Una historia parecida a esta es la del gorrión de Lesbia, un gorrión molinero muy lujurioso, pero la contaremos en otro momento, cuando no haya niños delante.

29/11/09

El hombre que hacía las montañas


El hombre que hacía las montañas pasaba mucho trabajo. Las hacía a mano, él solo. Dios nunca le puso un ayudante a pesar de que se lo pidió muchas veces. El suyo fue un caso de explotación laboral clarísimo. No, no era Ansel Adams, sino otro. Su nombre no sale en la Biblia porque estas cosas se ocultan siempre.


Como era de prever este pobre hombre murió de agotamiento. Y por supuesto, dejó gran parte del mundo sin acabar: he ahí las grandes llanuras.

28/11/09

Perejil (botánica)


Todo el mundo conoce el perejil (Petroselinum hortense). En gallego se llama prixel y en vascuenze perrexil. Es una umbelífera. Crece espontáneamente por todas partes y en las fruterías de barrio lo regalan si vas a primera hora. En el Corte Inglés lo cobran (¡ay don Isidoro, don Isidoro!).


En opinión de Hipócrates el perejil es originario de Macedonia, donde vivía felizmente sin que nadie lo arrancara para echarlo a los guisos, hasta que la humilde plantita se decidió a viajar a Europa. Antiguamente se le echaba a las ovejas y a los carneros sibilinamente mezclado con la alfalfa, para que los inocentes animales, literalmente, se pusieran cachondos. Según los pastores para que los machos “padrearan”, un hermoso y perdido eufemismo que ya nadie usa.


El perejil se parece mucho a la cicuta menor (Aethusa cynapium) que huele mal, es venenosa y puede confundirse con él. Más difícil es confundir el perejil con la cicuta mayor (Conium maculatum), más venenosa aun y que fue la que le tocó a Sócrates. De todas formas, tengan cuidado.