31/12/09

De títulos y autores


Para muchos escritores lo peor es poner título al libro. A veces escribirlo es fácil pero una vez acabado, encontrar el título adecuado puede llegar a convertirse en un auténtico martirio. Hay autores que han renunciado a publicar por no haber podido encontrar el título perfecto. Para los historiadores y autores especializados en novela histórica, biografías, etc., la cosa resulta más fácil. Por ejemplo, Julio Valdeón no tuvo ninguna duda a la hora de titular su libro “Abderramán III y el Califato de Córdoba”. Cae de cajón. O por poner otro caso, para Francisco Javier Clavijero tampoco fue un problema su “Historia Antigua de México”. Son títulos fáciles que salen a la primera. “El magisterio filosófico y jurídico de Alonso de la Veracruz” de Antonio Gómez Robledo, ya es más complicado (y bonito), pero tampoco le llevó mucho tiempo.


Algunos títulos pueden ser excelentes como “101 consejos para el cuidado de su perro” o “Las reglas del Mus”, y sin embargo, para que se le ocurran a uno tampoco hace falta mucho esfuerzo ni grandes dosis de imaginación. Exactamente igual que “Introducción a la metafísica” de Bergson, o “Grandeza y Decadencia de España en el siglo XVI” de Rafael Arrillaga. Este tipo de libros como se puede ver, no suelen presentar complicaciones a la hora de ponerles título. En cambio las novelas o los libros de cuentos o poesía sí. Por citar un par de casos conocidos “Pequeñeces” del Padre Coloma, o “La Balada de la Cárcel de Reading” de Óscar Wilde sí que tienen su miga. Aquí se ve que se ha trabajado.


Hay títulos para todo. Algunos autores llegan a utilizar los títulos para mentir como bellacos sin ningún pudor. Esto es típico de los libros técnicos y de autoayuda que están tan de moda en nuestro tiempo: “Microsoft Word Fácil” de Heidi Steele; o “Usted puede conseguir el trabajo que merece” de Dorotthy Leeds, fueron ejemplos más que evidentes.


A algunos autores les resulta tan difícil encontrar el título adecuado, que desarrollan un truco y lo utilizan constantemente. Es el caso de Leonard Goldberg que ha publicado, entre otras, las siguientes novelas: “Tratamiento Mortal”, “Contagio Mortal”, “Cuidados Mortales”, “Medicina Mortal”, “Intervención Mortal” y “Transplante Mortal”. No he leído ninguna. Frank Herbert hizo algo parecido con Dune, Los Hijos de Dune, etc. Y otros autores más expeditivos recurren directamente a numerar los títulos como Neale Donald Walsch con “Conversaciones con Dios 1”, “Conversaciones con Dios 2” y “Conversaciones con Dios 3”. Y seguramente este hombre seguirá así, porque el tema da para más.


También los escritores de novela romántica emplean este tipo de estratagemas, a menudo de forma muy burda. “Amor eterno”, “La cautiva del amor”, “Mentiras de amor”, “Amor obstinado”, “Cita de amor”, “Un puente al amor”, “El camino del amor”, “La llama del amor”...son títulos que se pueden encontrar fácilmente en cualquier librería. Ya se ve que sus autores no se han complicado la vida. Con este sistema de la palabrita fija se pueden poner todos los títulos que se quiera. Sin cansarse. Hasta un niño puede hacerlo.


Ciertos títulos resultan tan desconcertantes que uno no sabe qué pensar: “Cómo hacer bien el amor a una mujer” y “Cómo hacer bien el amor a un hombre” son dos libros distintos, pero escritos por la misma persona, Regine Dumay, a quién no conozco. Otros en cambio no merecen ni siquiera el menor comentario. Es el caso de “Cómo adelgazar follando”, de Richard Smith. En fin.


NOTA: Para títulos bonitos, véase el índice de “El libro de las mandangas” de Darabuc.

1 comentario:

Xoan Piñón dijo...

Bo MMX Victor ! genial el relato "de títulos y autores"