23/12/09

Cuento de Navidad


Un 24 de diciembre un niño arquitecto se encontró con la siguiente disyuntiva: debía entrar (o no) en un laberinto para rescatar a su hermana pequeña. Como tenía muchas dudas, para aclararse y tomar la decisión correcta hizo una lista por escrito con todas las razones que desaconsejaban la entrada al laberinto. La lista quedó así:


a) El laberinto era peligroso; podía perderse él también. b) Aunque entrara, podía ocurrir que no encontrara a su hermana. c) Si la encontraba, ¿sabrían salir? d) Dentro del laberinto vivía el Minotauro, una fiera terrible que se alimentaba de carne humana. e) Su hermana Carlota era una terca, y no tenía que haber entrado. f) ¿Y si estaba oscuro? No tenía linterna. g) Podía haber trampas desconocidas. h) Se estaba haciendo tarde y se acercaba la hora de cenar ¡y era Nochebuena! Su madre se pondría hecha un basilisco si llegaban tarde.


Esta última razón pesó mucho más que las otras y a fin de cuentas se trataba de su hermana, así que entró. Como el niño era muy previsor, decidió ir dibujando en un papel el laberinto entero a medida que lo recorría. Descartó otros métodos como el de las miguitas de pan o el del hilo porque no ofrecían garantías. Como todo el mundo sabe las miguitas se las pueden comer los pájaros o cualquier otro animal; además no tenía pan. El del hilo es un puro disparate: nadie lleva un hilo tan largo en el bolsillo.


El niño era extremadamente meticuloso (ya he dicho que era arquitecto). Según se adentraba en el laberinto iba plasmando todo en el papel sin olvidarse de nada. Pulcramente dibujaba cada pasillo, cada recodo y todas las vueltas, paredes y cruces de caminos que había. Cuando llegó al centro del laberinto el plano estaba completo y era perfecto. Por supuesto en el centro estaba el Minotauro. Tenía prisionera a su hermana. No era precisamente un tipo atractivo y tenía cara de pocos amigos. El niño se asustó. El Minotauro sacudió la cabezota y rugió:


– ¿Qué haces aquí enano?


– He venido a buscar a mi hermana pequeña –dijo el niño, armándose de valor.


– Jo, jo, –se burló el Minotauro–. Estás loco. Nadie puede salir del laberinto. Yo llevo años intentándolo.


– Yo sí puedo, –contestó el niño esgrimiendo el plano–, tengo un plano.


– ¿Un plano? ¿Un plano de verdad? –saltó el Minotauro–. ¡Déjame verlo!


E intentó arrebatárselo de las manos.


– Alto, alto, un momento –dijo el niño con firmeza–. Te daré el plano en cuanto sueltes a mi hermana. Nos están esperando para cenar.


– De acuerdo, –asintió el Minotauro.


Y soltó a Carlota. El niño le entregó el plano, cogió a Carlota de la mano y se fue. El Minotauro se quedó en el centro del laberinto estudiando el plano con detenimiento, más contento que unas pascuas. Los dos hermanos no tuvieron ningún problema para salir, porque el niño tenía una memoria colosal y sólo tuvo que volver exactamente por donde había venido. Fue fácil. Aun llegaron a casa antes de que pusieran los aperitivos y vinieran los abuelos.


También el Minotauro pudo salir del laberinto. Una vez fuera fue a Las Ventas y se compró un abono para San Isidro que era el sueño de su vida. Ya nunca más volvió a atemorizar a nadie. Además, lo de que comía carne humana era un infundio; se vio luego, en realidad era vegetariano. Después este Minotauro cuando encontraba a alguna persona perdida en el laberinto le decía:


– ¿La salida? Es fácil amigo: segundo pasillo a la derecha, tercero a la izquierda, otra vez a la izquierda, todo recto y ya está fuera. ¡Que tenga un buen día!

22/12/09

Siglas y abreviaturas en Roma


Solemos pensar que las abreviaturas y las siglas son un invento moderno como ONU, MSF, UNICEF, OTAN, etc., pero no es así, ni mucho menos. No somos tan originales. Los SMS también han hecho que se pongan muy de moda últimamente, pero las abreviaturas y los acrónimos son más viejos que la pana. Es verdad que hoy en día a veces resulta imposible entender ciertos artículos de prensa y mensajes de móviles debido a la gran cantidad de siglas que contienen, pero en realidad esto ocurrió siempre. O por lo menos desde los romanos, que se sepa.


Véase. Todo el mundo conoce las famosas siglas SPQR, Senatus Populusque Romanus, “El Senado y el pueblo de Roma” que presidían las banderas del ejército romano, ya que salen en muchas películas. Estas son siglas familiares y fáciles de entender, pero en la antigua Roma había muchas más y gran parte de ellas eran muy crípticas. Sólo si estabas al tanto podías descifrarlas. Era tal la abundancia de siglas y acrónimos en aquel tiempo, que un romano medio debía dedicar una gran parte del día a desentrañar el significado de cuantas se encontraba a cada paso. Resultaba agotador.


Un ejemplo es III VIR AAAFF. Una inscripción que llevaban todas las monedas de curso legal, o sea que te la encontrabas constantemente si tenías dinero. Son unas siglas complicadísimas como cualquiera puede ver. Literalmente significan Triunviri auro, argento, aere flando feriundo, que más o menos traducido viene a ser algo así como “Triunviro para fundir y acuñar en oro, plata y bronce”; una especie de autorización oficial. Lógicamente no todo el mundo conocía el significado de esta expresión, lo que de todas formas no impedía que las monedas corrieran de mano en mano (al igual que hoy se trataba siempre de las mismas manos); en este caso la inscripción era lo de menos. A veces también le añadían FPR (Fortuna populi romani) “La fortuna del pueblo de Roma”. Pero a fin de cuentas, daba lo mismo lo que se pusiera en las monedas: lo importante era la cantidad de ellas que pudieras tener.


NVNDNPO solía grabarse en las tumbas (Neque vendetur, neque donabitur, neque pignore obligabitur). Es todo un trabalenguas pero su significado está claro: “No podrá venderse, donarse, ni hipotecarse”. Al igual que HMHNS (Hoc monumentum heredes non sequitur), “Este sepulcro no pasa a los herederos”. Los romanos eran muy pejigueros con las tumbas, hasta el punto de que tenían una inscripción específica para aclarar que el sepulcro se lo había hecho uno mismo sin ayuda: DSFC (De suo faciendum curavit), “Edificado a sus expensas”; y otra para aclarar que lo había hecho otro: CFC (Coniux faciendum curavit) “Su cónyuge se encargó de hacerlo”.


También eran meticulosos en grado sumo, algo que se reflejaba mediante distintas combinaciones de letras. Si un esclavo huía, en cuanto lo capturaban lo marcaban en la frente con el acrónimo FHE (Fugitivus hic est), “Éste es fugitivo”. Otro ejemplo de abreviatura curiosa era SVBEEV (Si vales, bene est, ego valeo), que se ponía usualmente al final de las cartas. Algo así como “si estás bien, me alegro, yo estoy bien”. Un saludo bonito para despedirse de alguien, aunque algo complicado de entender si no estás habituado a verlo.


Las siglas también pueden resultar muy confusas. Incluso hoy. Por citar un caso obvio, PP, un acrónimo sobradamente conocido en España ya que se lo ha apropiado un conocido partido político, lo usaban los cristianos en las catacumbas para referirse a San José (Pater putativus). Y es que los primeros cristianos al igual que los romanos, también eran muy aficionados a esconder toda clase de mensajes detrás de un grupo de letras. No hay más que recordar IHS (Iesus hominum salvator); INRI (Iesus nazarenus rex judaerum); o IPD (In pace domini). O sea que lo de las siglas no es nuestro ni de hoy. Es de todos y de siempre.


Por último, LS (Lectori salutem) se ponía al principio de los libros. Significa “salud al lector”. Con el permiso de ustedes yo lo pondré aquí, al final.

18/12/09

Santa Mariña de Augas Santas (entre paréntesis)


La historia de esta santa natural de Xinzo de Limia (Ourense), es verdaderamente sorprendente. La contaré con brevedad para aquellos que no la conozcan.


Siendo Marinita una hermosa e ingenua pastorcilla (aun no era santa), se dedicaba a cuidar el ganado de su familia en Piñeira de Arcos sin hacer daño a nadie (años más tarde haría lo mismo otra famosa vaquera en la Finojosa). Un día la vio un gobernador romano (todavía no había aparecido en el mapa el Marqués de Santillana), y se enamoró perdidamente de ella. Este hombre que podría haberse llamado con toda tranquilidad Perfecto Bruto (un buen nombre romano), en realidad se llamaba Olibrio, y como Marina no le hizo ningún caso el tipo que era un sinvergüenza, se puso hecho una fiera (suele ocurrir).


La mandó prender (empezamos bien, abuso de autoridad), e hizo que la despellejaran con unos rastrillos de hierro (más, sadismo y violencia de género). Pero Marina apareció al día siguiente como nueva (sorpresa mayúscula pues aun no se conocía en aquel momento la cirugía plástica reparadora). Después el romano la arrojó a un pozo atada de piés y manos (agresión con daños), pero tampoco tuvo éxito pues las ligaduras se soltaron y Marina, que había practicado de niña natación sincronizada, no tuvo ningún problema para mantenerse a flote. Deseperado Olibrio hizo que metieran a la muchacha en un horno encendido (como se puede ver no se andaba con tonterías), pero San Pedro que está a la que salta, la rescató ilesa (en esta vida no hay como tener buenos amigos situados en puestos clave en las alturas).


Por último el gobernador la ordenó decapitar (homicidio, esta vez sí). Pero el sistema tampoco funcionó pues la chica una vez decapitada siguió sin atender a sus demandas amorosas (chasco total). Así que Olibrio tuvo que rendirse y renunciar por fin a sus absurdas pretensiones. El resto es conocido: en el sitio donde cayó la cabeza de la santa (obviamente a estas alturas ya era santa) nacieron tres fuentes cuyas aguas, como se puede deducir por el título de este cuento, también son santas. Pueden ustedes ir a verlas y comprobarlo por sí mismos (es lo que se llama “ir a las fuentes”).


NOTA: Además de las tres fuentes (santas) de Santa Mariña de Augas Santas, en el mismo lugar existe un roble santo, que parece ser fue propiedad de la santa. Nunca se ha podado este árbol milenario (y santo), pues se dice que si algún día se cortan sus (santas) ramas, de ellas manará sangre (probablemente santa).

Isaías


Fue una lástima que no se cumpliera la profecía de Isaías en la que auguró que los montes y las colinas romperían a cantar. Hubiera sido un espectáculo fantástico: mucho mejor que All that Jazz.

16/12/09

El Buho Disecado

Unos amigos me han hablado de un proyecto realmente original que desean llevar a cabo: resucitar y publicar en español "El Buho Disecado", la famosa revista de Wyndhan Lewis que antologizaba la peor poesía existente en el mundo. Los “clásicos monumentales de la mala literatura” como los llamaba Chesterton. No puedo por menos de prestarles todo mi apoyo, como mínimo moral, en tan arduo e ingente trabajo. Y ardo en deseos de tener entre mis manos el primer número de esta publicación... supongo que será gigantesco.

Tacirupeca


Tacirupeca es el cuento de Caperucita más o menos -silábicamente- al revés. Mucha gente se lo sabe entero de memoria. Dice así: “Bai tacirupeca rop le temon dotancan temengrelea: Ralatrá, ralatrá, ralatrá... / Y de tepenre ¡mup, le bolo! / ¿Adedon vas, tacirupeca? / Yvo a saca de mi talibuea”. Se puede seguir así hasta el final, pero no deja de ser una tontería enorme.

15/12/09

Enchanté

Una princesa era tan cursi que en lugar de encantada estaba “enchanté”.

La perla


Un pescador de esponjas encontró una perla en el fondo del mar. Fue al mercado y la cambió por un pan. Abrió el pan y dentro había otra perla. Le regaló esta segunda perla a su novia y ella tuvo un niño. El niño traía un pan debajo del brazo y dentro del pan... había una tercera perla.


La historia podría haber continuado así indefinidamente, pero por desgracia el niño desconocía el valor de la perla y la arrojó al mar.

Los dos milagros de Santarém


Un truco mágico muy bueno de la Edad Media y que pocos magos sabían practicar con destreza era el de encerrar vientos en un huevo. Felipa de Santarém, una bruja que vivió en la villa portuguesa del mismo nombre a finales del siglo XII dominaba este arte: encerraba varios vientos distintos en un huevo de gallina normal y lo vendía. El caso ha sido contado en más de una ocasión por don Álvaro Cunqueiro y otros cronistas. Después el comprador del huevo no tenía más que arrojarlo al suelo donde quisiera, y al romperse la cáscara los vientos se liberaban y desataban un huracán.


Estos huevos eran muy populares y mucha gente viajaba desde todos los rincones de Portugal para comprarlos. Felipa vendía cada uno por dos Barbudas de Vellón, la famosa moneda que Fernando I, el rey portugués “muito amador de mulheres”, acuñó para celebrar la conquista del Reino de Galicia.


Algunos historiadores (pocos) atribuyen a la intervención de uno de estos huevos el Milagro de Santarém, que se produjo en 1370. Entonces el relicario de cera que se conservaba en la iglesia de San Esteban y contenía la Hostia Sangrante se rompió sin ayuda de nadie en mil pedazos. Dicha teoría sin embargo nunca ha sido muy divulgada, sobre todo a causa de la frontal oposición con que fue acogida siempre por la Hermandad del Santo Milagro, que la considera una herejía. Actualmente la Hostia que continúa licuándose todos los años, dispone de una nueva ampolla de cristal y puede ser contemplada libremente, y gratis, por peregrinos y visitantes en el altar mayor de dicha iglesia.


El Otro Milagro de Santarém, no menos importante que el primero, fue el de Salgueiro Maia. Este hombre santo también desató una tempestad, pero en toda Portugal. Una tempestad de flores. Fue el 25 de abril de 1975 si bien para lograr el prodigio, en aquella ocasión Maia empleó un sistema distinto al de Felipa. Convocó a los demonios a través de la radio con una canción, una de Zeca Alfonso: Grandola Vila Morena. Y los demonios -Maia era un mago poderoso-, respondieron todos a una.

12/12/09

Cerdos famosos (breve diccionario)


Babe. Todo el mundo lo conoce. El simpático cochinillo, además de gran actor es un admirable ejemplo de valentía, tenacidad y superación personal. Y su historia, una maravillosa en la que el pequeño lechón nos mostró cándidamente cómo un diminuto gorrino con corazón, puede llegar a convertirse en un verdadero héroe siendo tan solo él mismo. (Aplausos).


Black Beauty. Esta cerda solípeda propiedad de Anna Sewell, la famosa escritora inglesa, fue una excelente corredora de larga distancia y en cierta ocasión llegó a ganar, contra todo pronóstico el Gran Derby. La vida de Black Beauty fue objeto de numerosas biografías y películas, entre estas últimas una muy famosa protagonizada por Liz Taylor niña.


Calco. Rey de los Daunios que estaba enamorado de Circe. Su historia es muy complicada. Circe era una maga muy poderosa que vivía en la isla de Ea. Cuando Ulises llegó allí, Circe se enamoró de él enseguida ya que Ulises era muy guapo y Circe no había visto nunca a nadie así. Calco por aquel entonces cortejaba a Circe constantemente, así que ésta para librarse de él lo convirtió en cerdo; un procedimiento tan válido como cualquier otro para deshacerse de un pretendiente. En su nueva condición Calco se volvió un rey justo y sabio, muy apreciado por sus súbditos que prefirieron siempre su nueva naturaleza a la antigua.


Cerdo de Espasante. Gorrino elegido cada verano en Espasante (Ortigueira), al que se da durante seis meses un alojamiento de primera categoría en la conocida localidad coruñesa. El marrano, que es cuidado con mimo por todos los vecinos, tiene el privilegio de andar libremente por las calles de Espasante, presentarse donde quiera, a cualquier hora del día o de la noche, y ser recibido siempre con grandes honores. Esta tradición recuerda la de la Cerda Presentárea de Roma (véase la entrada Proserpina Cesárea más abajo), si bien en este caso el gorrino no es sacrificado, sino adjudicado en sorteo el día 6 de enero. Lo que haga después su propietario con él ya es cosa suya. Existe un monumento a este cerdo en el centro de Espasante, que puede visitarse de forma gratuita.


Cerdo de Leibetra. Legendario cochino tracio de gigantesco porte que asoló la ciudad de Leibetra, y en un solo día la convirtió en ruinas. Según se dijo entonces, la justa furia de este animal se debió a la profanación de una tumba de Orfeo. Para comprender lo de “justa”, hay que leerse la historia de Orfeo entera.


Charlotte’s Piggy. El famoso “Cochinito de Carlota” no era un cerdo real, sino un cerdo-hucha. Los cerdos-hucha, también conocidos por el nombre de lechones de ahorro, son seres muy interesantes y útiles pero no son verdaderos cerdos, por lo que no vamos a perder el tiempo hablando de ellos aquí.


Eubuleo el Benévolo. Cerdo mago que presidía las ceremonias de Eleusis. Se desconoce cual era exactamente su papel en los famosos “Misterios”, aunque algunos autores opinan que Eubuleo dirigía a los jóvenes en la legendaria “Ceremonia del Fuego”, los hacía atravesar desnudos las llamas y los devolvía ilesos al mundo.


Kikungugochu. Bondadosa cerda guipuzcoana que tenía el corazón de un pájaro y el ansia de volar. Esta cerda, asturcelta pura, perteneció a Mariasun Landa, profesora de filosofía en San Sebastián, que la cuidó y alimentó delicadamente durante años con sonatinas y habas nuevas en ensalada. Kikungugochu con el tiempo, efectivamente aprendió a volar, empleando para ello tan sólo su limpia alma de pájaro y sus anhelos (véase la entrada Wilbur más abajo).


Murcina. Princesa cerda de raza chata ibérica, que vivió en la antigua Tartesos y fue muy admirada por su belleza, por la elegancia de su figura y por sus exquisitos modales en la mesa. Philippe Lechermeier la había incluido en el primer manuscrito de su famoso libro “Princesses oubliées ou inconnues”, pero la ilustradora Rebeca Dautremer se negó a dibujar la oronda efigie de la gorrina, alegando falta de ganas. Debido a este contratiempo, Lechermeier al final tuvo que excluir a la princesa Murcina de la edición del libro, lo que explica que la bella paquiderma no aparezca en él.


Napoleón. Verrraco de aspecto imponente de la raza Berkshire que fomentó la rebelión en la Granja Manor y tras la Batalla del Establo de las Vacas, se hizo con el control político y económico de la misma. Napoleón, que empezó haciéndose llamar camarada por el resto de los animales, acabó convirtiendo la granja en un régimen dictatorial y personalista basado en la represión de las libertades y en la explotación sistemática de los trabajadores. Sus acólitos lo llamaron “Protector del rebaño de ovejas”, “Amigo de los desheredados, “Amigo de los patitos”, “Sol que deslumbra al cielo” y otras perlas semejantes, con el fin de desviar la atención del pueblo de su gobierno de sangre y terror. Por supuesto, Napoleón acabó convirtiéndose en un hombre... tal vez ya lo era antes.


Olivia Falconer. Pequeña y simpática gorrinilla de raza danesa que nació en Connecticut en la década de los cincuenta y se crió en Nueva York, donde estudió danza y arte contemporáneo con gran aprovechamiento. Gracias a un fortuito golpe de suerte en la bolsa, en 1962 Olivia se hizo multimillonaria. Entonces adquirió varios cuadros de Degas (su pintor favorito) en Sotheby’s y se dedicó por entero al coleccionismo de arte, especializándose en mobiliario decó y maestros del XIX. Actualmente Olivia vive cómodamente en Miami y su galería privada de impresionistas y pre-impresionistas es una de las mejores de América.


Proserpina Cesárea. Cerda romana de buena cuna que fue sacrificada en el año 48 en el Capitolio con un difunto de cuerpo presente, con el objeto de purificar a la familia del finado. El experimento resultó un éxito, por lo que de allí en adelante y en honor de Proserpina, los romanos instituyeron el rito de matar a una cerda a la que llamaron Cerda Presentárea, en todos los funerales.


The Three Little Pigs. Aunque todo el mundo conoce el cuento de estos tres famosos gorrinos, pocos se han dado cuenta de las implicaciones políticas y sociales que subyacen en la historia. No es un cuento tan inocente como parece. Baste decir esto: el primero de los cerdos que hizo una casa de paja, era (obviamente) campesino. La casa fue derribada de un soplido por el lobo y el pobre lechón murió devorado por el cánido. El segundo cuya casa era de madera, era carpintero y siguió el mismo trágico destino que su hermano. Y el tercero por fin, que hizo su casa de ladrillo era constructor (¿de qué otro modo si no podría haberse hecho una casa de ladrillo?). Pues bien, este se comió al lobo. Piensen ustedes lo que quieran.


Wilbur. Este diminuto ejemplar de chester blanco, que llegó a ser profesor en Harvard a pesar de su baja estatura, se hizo famoso (y rico) al inventar la agenda de “día por página”, en la que el usuario podía anotar cada una de las actividades diarias en una línea distinta, hora por hora. La agenda, que Wilbur ideó y desarrolló en colaboración con Mrs. Templeton, fue un éxito de ventas, y su patente reportó al pequeño chester pingües beneficios. David Wiesner, el ilustrador, llegó a utilizar la agenda Wilbur en 1991 como base para elaborar su famoso libro “Tuesday”, en el que los cerdos consiguen por fin (un sueño largamente acariciado por esta especie desde siempre) volar.