12/9/09

El hombre sin ayer

Cornelius Ryan, honrado zapatero, fiel esposo y padre de seis hijos, falleció en Glasgow confortado por su familia un lluvioso 28 de septiembre de 1986, a la avanzada edad de 98 años.


Este hombre carecía de ayer. En vida, si se le preguntaba cualquier dato acerca del día anterior era incapaz de recordar nada. Después de muerto siguió ocurriendo lo mismo, aunque entonces este hecho insólito ya no sorprendió a nadie.


Lo de Cornelius no era amnesia parcial u otro problema neurológico más o menos complejo. Si así fuera el caso no tendría mayor interés que el puramente médico. No. Si se hacían las mismas preguntas a sus amigos, familiares, conocidos o incluso a su propia esposa, ninguno podía dar razón de él en las 24 horas precedentes. Era un misterio. Nadie lo había visto; nadie sabía qué había hecho; nadie había hablado con él y que se supiera, no había estado en ningún sitio. A todos los efectos Cornelius Ryan no había existido el día anterior.


El caso fue estudiado a fondo por el doctor Thomas Reich, reconocido psiquiatra de la época. Sus conclusiones aunque no arrojan ninguna luz sobre el caso, son divertidas, aparecen en su famoso libro “El Hombre Nocrónico” y si bien carecen del mínimo rigor científico, constituyen al menos una lectura entretenida. El profesor Reich llegó a elaborar y proponer una compleja y arriesgada teoría sobre el caso Cornelius, apoyada por innumerables testimonios de sus coetáneos: según Reich era “el día anterior” y no Cornelius, el que no había existido el día anterior. A pesar de la pasión y entrega con que el profesor se dedicó a esta investigación durante varios lustros, sus colegas y la comunidad científica nunca lo tomaron en serio.


Lo cierto es que a causa de aquella extraordinaria peculiaridad Cornelius Ryan padeció tantos y tan variados problemas y contratiempos a lo largo de su singular existencia, que su enumeración aquí resultaría demasiado prolija y tediosa, y excedería con mucho el marco natural de un texto de estas características.


Sin embargo y sin entrar en más detalles, es fácil entender que numerosas acciones cotidianas a las que las personas normales apenas prestamos atención y damos por hechas, llegaban a convertirse para Cornelius en gigantescos obstáculos, a veces insalvables. Baste decir por ejemplo, que al día siguiente de su boda ni los invitados, ni el cura, ni su esposa, ni él mismo recordaban que hubiera estado presente en la ceremonia.


Además sus conflictos con las administraciones públicas fueron constantes. Todavía hoy, más de veinte años después de su muerte, la Agencia Tributaria inglesa sigue reclamándole cantidades impagadas por valor de 37.228 libras.


El asunto de su funeral fue muy confuso y aun está por aclarar. En el apéndice IV de “El Hombre Nocrónico”, en un exhaustivo trabajo de campo del profesor Reich, se recogen los testimonios de más de trescientas personas que asistieron a su sepelio, y ninguna de ellas lo recuerda.

1 comentario:

PATSY SCOTT dijo...

Hay que fastidiarse que la Agencia Tributaria sea la única que lo siga recordando..Está claro que cuando dicen que Hacienda somos todos incluyen también a los nocrónicos.