12/9/10

La oveja rosa

Un pastor tenía una oveja muy valiosa: la oveja rosa. Esta oveja era efectivamente de color rosa y daba una lana muy buena para hacer jerseys y rebequitas para niñas. La oveja tenía su propio aprisco, distinto del resto del rebaño y mucho más confortable. El pastor la cuidaba como si fuera su propia hija. Mucha gente venía de muy lejos para verla. El pastor había montado un negocio boyante exhibiéndola y cobrando entrada, y se había hecho rico con eso.


Un día los lobos secuestraron la oveja y enviaron una nota al pastor exigiéndole un rescate. La nota era difícil de leer porque estaba hecha con letras de periódico recortadas. Decía: “Tenemos la oveja rosa. Si quiere recuperarla venga con cien gallinas al claro del bosque mañana a las 6 a.m. Si habla con la policía no volverá a ver a su oveja.” La nota iba acompañada de una polaroid en la que se veía a la pobre oveja aterrorizada, flanqueada por dos lobos con cara de pocos amigos. El pastor estaba desolado, pero apreciaba mucho a su oveja y reunió las cien gallinas. Al día siguiente las llevó al sitio convenido.


En el claro del bosque lo esperaba la manada de lobos al completo, armados hasta los dientes. Uno de ellos sujetaba por un brazo a la oveja que estaba esposada y tenía los ojos vendados. Las cien gallinas del pastor también tenían los ojos vendados. El pastor había tomado esta precaución para evitar que huyeran al ver a los lobos.


Pero algo no cuadraba en todo aquello. De pronto el pastor se dio cuenta: la oveja ya no era rosa, sino ¡azul!


– ¡Eh! –le dijo al jefe de la banda–, ¿qué habéis hecho con mi oveja, pandilla de desgraciados? Ya no es rosa.


– Oiga, lo siento mucho –dijo el lobo–, pero nosotros no hemos hecho nada, se lo aseguro. Se ha puesto así ella solita, del susto.


El pastor estaba indignado. De todas formas, como ya se había hecho a la idea de perder las cien gallinas, dijo:


– Vale, vale, no quiero veros más, ¡hala!, dadme la oveja y quedáos las gallinas.


Procedieron al intercambio que fue un poco confuso, porque las gallinas a pesar de llevar los ojos vendados se asustaron igual. Después los lobos se fueron y el pastor volvió a su casa con su oveja. La oveja rosa ya no volvió a ser rosa, aunque su lana azul era tan buena como la rosa de antes. La gente seguía pagando para verla, pero después decían:


– ¡Oh, qué decepción! No es rosa.

1 comentario:

maikix dijo...

Estaría bien tener jerseys que cada cierto tiempo cambiasen de color: renovar el vestuario sin tener que comprarlo!