15/1/12

Higos (gastronomía)

Los higos son los frutos de la higuera que es una morácea (esto puede parecer contradictorio a un no iniciado en el proceloso mundo de la botánica, pero no lo es).


Cuando yo era pequeño, tanto a mis primos como a mi nos tenían terminantemente prohibido trepar a las higueras que había en casa, pues las higueras son traidoras y en cuanto saben de un niño en sus ramas, dejan que estas se rompan arrojando al rapaz al suelo.


Existen más de 600 especies de higueras y muchas de ellas han sido consideradas sagradas en algunas culturas. El caso del “Bo” de la India bajo el que meditaba Buda es bien conocido, pero ha habido muchos otros.


Los mejores higos del mundo son los de Esmirna, en Turquía, cuyo sabor único se debe a la intervención de una especie de avispas que polinizan las flores de la higuera. Si usted quiere cultivar higos de Esmirna en su casa es imprescindible que se haga también con unas cuantas de estas avispas. De otro modo los higos no sabrán igual. Las higueras son así, peculiares.

Petrea volubilis (botánica imaginaria)


La Pétrea es una planta trepadora leñosa. Sus hojas tienen el tacto del papel de lija. Es poco exigente en cuanto a suelos y para crecer le basta con una pared soleada. Es de crecimiento muy lento, apenas uno o dos centímetros por año, y con el tiempo acaba convirtiéndose en piedra ella misma, o bien cambia de opinión.

1/1/12

Breve diccionario de curiosidades femeninas


Abadesa. La de Monviedro fue legendaria, pues el día que cumplió los cien años sin que nadie se lo hubiera pedido empezó a rejuvenecer por sí misma. Ante el asombro del resto de las monjas, el proceso de rejuvenecimiento no se detuvo nunca. La piel de la abadesa se alisó y se volvió más tersa. Después recuperó el pelo y los dientes, y la buena mujer volvió a su juventud y a su niñez, y al claustro materno, y al instante mismo de su concepción, momento en el que la devota monja tuvo la oportunidad insólita de conocer a su propio padre y hablar con él antes de su nacimiento (el de ella). Por último, la abadesa nonata desapareció. Algo parecido le ocurrió una vez a un lama tibetano, pero como era hombre su historia no la contaremos aquí.


Abridera. Virgen cuya parte frontal se abre en dos puertas con bisagras. Una vez abierta, la Virgen suele hablar y contar alguna historia más o menos increíble. Si al oyente le disgusta la historia no tiene más que cerrar las puertas y la virgen se calla, permaneciendo así todo el tiempo que se disponga.


Asunción. Los conquistadores españoles de esta ciudad tenían la costumbre de casarse con más de 100 indias a la vez para evitarse problemas con las tribus locales. Los franciscanos rechazaban estos matrimonios y ponían en duda la validez del sacramento así realizado, aunque sí admitían los bautismos masivos, y en ocasiones algunos de estos religiosos adelantados llegaron a bautizar a más de doscientos mil indios de una sola tacada. Los indios se dejaban bautizar porque sí. Porque a fin de cuentas... ni les iba ni les venía.


Batallón Femenino de la Muerte. Fuerza militar de resistencia formada en 1917 por viudas de oficiales del Zar. Defendieron heróica y bárbaramente el Palacio de Invierno.


Berenice. Su cabellera la descubrió por casualidad el simpático filósoso y astrónomo griego Coñón de Samos, a quien no hay que confundir con aquel otro Coñón natural de la parroquia de Sober, en Lugo, de agudo ingenio y tan citado por don Álvaro Cunqueiro.


Burra. La de Balaán fue famosa porque rompió a hablar, aunque pronunciaba con dificultad la erre doble y sólo sabía contar hasta siete.


Ciervas. Las del César llevaban un collar de oro con la inscripción “Noli me tangere, quia Cesaris sum”. Si un cazador mataba una de estas ciervas aunque fuera por error, era ajusticiado de inmediato.


Cleubulina. Hija de Cleóbolo, uno de los siete sabios de Grecia. Era poeta y escribía adivinanzas, pero no hay nada más que contar de ella. En cambio de su padre sí. Fue el que acuñó la famosa frase “mediocritas optimum” que el papa Borgia, muchos años después cuando le presentaron a tres frailes que habían sorprendido fornicando en los jardines vaticanos, tras mandarlos castrar traduciría libremente como “felice el de enmedio”.


George Sand. Muchas personas saben que la escritora vivió en Mallorca una tórrida historia de amor con Chopin, pero pocas conocen el dato de que cuando llegó a Palma lo hizo en un barco cargado de cerdos, entre los que viajaba el propio músico.


Gruesa. No se trataba de ninguna mujer, sino de la cantidad de ostras por persona, doce docenas, con que los romanos solían comenzar los banquetes. Los hobbits empleaban también esta unidad de medida, pero en su caso equivalía a catorce catorcenas.


Hijas del tabernero de Les Pieux. Como ha dejado escrito don Álvaro Cunqueiro en “As Crónicas do Sochantre”, las Hijas del tabernero de Les Pieux eran cuatro. Según contó el insigne escritor las cuatro andaban siempre arremangadas y pusieron de moda en Bretaña las natillas de café, que preparaban con una receta secreta, por lo que no podemos transcribirla aquí.


Juana I de Anjou. Reina de Nápoles y de la Provenza. Fue una precursora de la liberación femenina por medio de la liquidación de bienes gananciales, al vender al papa Clemente VI la ciudad de Aviñón por 80.000 florines.


Kilissim. Montaña mágica de Persia. Las mujeres que se atrevían a subir a ella ya no podían bajar jamás.


Melusina. Hada maravillosa que construía puentes a los que siempre le faltaba un arco.


Robinia. Papilionácea arbórea americana traída a Europa por el famoso Robín, jardinero real de París. También conocida como falsa acacia, en Madrid es tradición plantarla por las calles. Las robinias siempre dicen la verdad si se les hace la pregunta correcta.


Santa Inés. A pesar de los reiterados intentos de acabar con esta santa por medio del fuego, dicha empresa resultó imposible pues Santa Inés era ignífuga. Al final hubo que decapitarla.


Santa Reparada. Santa florentina cuyo brazo fue venerado como una reliquia durante siglos, aunque todo el mundo sabía perfectamente que era de yeso.

Borraja (botánica)

La borraja (Borago officinalis) es una planta muy robusta que florece en primavera y es de nula utilidad. Lo mejor que se puede hacer con la borraja es un caldo bastante insípido (la famosa agua de borrajas), razón por la que muchos la tienen en alguna estima. Los antiguos solían decir que su consumo alegraba el espíritu. Yo creo que alegra el de los cocineros, pues últimamente la veo a menudo como acompañamiento de muchos platos en los restaurantes de diseño (será por el precio).


Don Pío Font Quer aconseja la siguiente preparación para curar el trancazo, que transcribo aquí por su indudable utilidad y porque estoy seguro de que nadie la pondrá en práctica. Se pican 40 g de borraja, 40 de saúco, 40 de albahaca, 30 de romero, 30 de hisopo, 30 de ajedrea, 10 de centaura, 10 de eucalipto, 10 de hipericón y 10 de espliego. Una vez hecha la mezcla, se guarda bien en un lugar seco. Con dos cucharadas y medio litro de agua se prepara la infusión, que se administra exactamente del mismo modo que si fuera una infusión de flor de borracha. Este preparado es muy eficaz, pero por si acaso no se deshagan aun de la Couldina.


Acabo de leer que en Mallorca con la borraja hacen buñuelos de viento, lo que me ha parecido, sobre todo, lógico.

28/12/11

Artocarpus (botánica imaginaria)


Este árbol de hasta quince metros de altura es originario de la India y Malasia. También se lo llama árbol de Jack, aunque no he logrado averiguar quién demonios fue el tal Jack. El artocarpus da frutos gigantescos, de hasta quince kilogramos de peso. Un dato interesante: imagínense ustedes una cereza o un albaricoque de quince kilos; no les digo más.


Los frutos del Artocarpus huelen muy mal, aunque saben bien y se cocinan de diversas formas. La carne que tienen en su interior parece plátano, sabe a plátano y es como plátano. Si no fuera porque el Artocarpus no se parece en nada a la platanera se podría decir de su fruto que es plátano. Pero no es plátano. Lamento repetir tantas veces la palabra plátano pero el artocarpus no me deja otra opción. El caso es que a pesar de todas estas explicaciones, no se sabe por qué a este árbol comúnmente se lo llama árbol del pan. Y eso no lo entiende nadie: no da pan.


El artocarpus es muy cariñoso y se enamora enseguida de la primera persona que conoce.

17/12/11

Corona de reina y corona de rey (botánica)


La Corona de reina (Saxifraga catalaunica) es una planta perenne que tiene las hojas en forma de espátula. Es propiedad de la Moreneta y sólo se da en Montserrat y en el Montcau. La Saxifraga catalaunica es una planta estrictamente local; no la hay en ningún otro sitio salvo en Cataluña, por lo que los naturales de aquella región están muy orgullosos de ella, aunque al resto de los amantes de la botánica, la cosa les trae sin cuidado. La corona de reina es bonita pero inútil. No así la corona de rey, otra planta que se explica a continuación.


La corona de rey (Saxifraga longifolia) por contra es una planta mágica. Y muy rara. Es de un valor incalculable por la siguiente razón. Si alguien se la pone en la cabeza, automáticamente se convierte en rey. Al momento. Histieo de Ternera, el jonio, tuvo una pero se la puso dos veces, sin saber que la segunda vez anula el efecto de la primera. Recuérdenlo cuando lo pongan en práctica.

Espantalobos (botánica)


Esta es una planta muy útil. Ahuyenta los lobos. Dado que la Espantalobos (Colutea arborescens) hace lo mismo con los zorros, también se la llama con mucha lógica, espantazorras. La Colutea era ya conocida por Teofrasto y por otros médicos de la antigüedad, que hacían uso de ella a menudo cuando tenían que viajar por bosques y caminos poco transitados.

Conejo (gastronomía)


Este simpático mamífero es muy apreciado por su carne. El de monte, guisado es delicioso. Que se lo pregunten a Delibes. O a mi padre que también los cazaba cuando yo era niño.


Hay conejos en todo el mundo excepto en Madagascar y en la Antárttida, y son de muchas clases. El conejo de angora que tiene un pelo finísimo, por ejemplo, no se come sino que se esquila como una oveja.


Estos roedores son animales inteligentísimos, hasta el punto de que algunos han llegado a protagonizar grandes novelas como La Colina de Watership, de Richard Adams. Solo falta que se les haga la película correspondiente, aunque las recientes negociaciones entre la productora de Spielberg y Quinto y Avellano, propietarios de los derechos del libro, de momento no han dado buen fruto.


El caso es que los conejos como los asnos, han enseñado muchas cosas a los hombres. Son muy sabios. Y generosos. El de Alicia también era sabio a pesar de que siempre llegara tarde a todas partes. Un conejo famoso es el de la luna. Es gigantesco. Ocupa una cara entera de nuestro satélite y, aun así, nadie ha conseguido cazarlo nunca.


El cuento ruso del conejo que vivía en una roca en medio del mar es muy bonito pero no vamos a contarlo ahora.

Menta de burro (botánica)


Menta de burro (Mentha rotundifolia). Hay muchas clases de mentas. Menta de lobo, menta de caballo, menta acuática y otras. La mejor es la menta de burro. Las mentas son plantas labiadas y la mayoría suelen vivir cerca de charcas, cañaverales y pantanos. La menta de burro se llama así porque los asnos la tienen en gran estima y la consumen a menudo como aperitivo y de otras formas. Según Plinio los burros salvajes de Nubia la fumaban y la llamaban correctamente hierbabuena. La menta es universalmente famosa además por otra cosa: aparece en los mojitos.

6/12/11

Delonix regia (botánica imaginaria)


Nadie podría descubrir por su nombre latino que la Delonix regia es en realidad el Flamboyán, uno de los árboles más hermosos que existen. El flamboyán es una leguminosa y también la flor nacional de Puerto Rico. Además se lo conoce también como ponciana real, guacamaya y tabuchín; unos nombres preciosos.


Si usted no ha visto nunca flamboyanes no lo dude, contrate una de esas malditas ofertas de viajes al trópico que tanto anuncian los periódicos, que las hay hasta por cuatro euros, y vaya a verlos inmediatamente. No se arrepentirá. Cuando florecen son una pura llamarada. Por algo los llaman también árboles de fuego. Merece la pena verlos en su sitio.


Y es que el flamboyán cuando florece arde como un infierno. Esa es la razón de que aparezca aquí como una planta imaginaria... aunque la verdad es que es real. Flamboyán: fuego.


NOTA: Estos chicos de los trópicos tienen además otro árbol maravilloso que también es uno de los más hermosos del mundo y también, casi, parece imaginario. Se llama Jacaranda mimosifolia. Coloquialmente “jacarandá”. Es como el flamboyán, pero en azul. ¡Un infierno azul!