15/4/11

El problema del velo


El problema del velo -musulmán o islamita- en las escuelas de España es un invento de la prensa. Y un invento genial, todo hay que decirlo. Hay que quitarse el sombrero (ja, ja). Ya se sabe como son los periodistas: nunca dejes que la realidad te estropee una buena noticia.


O sea que una niña se empeña en ir con velo al cole, no quitárselo en el aula, algo que no es más que una desobediencia al maestro o a las normas del centro, y todos los periódicos de España titulan en primera plana: “Un colegio prohibe a una niña con velo asistir a clase”. Sorprendente. La verdad es que no parece una noticia: “Un colegio prohibe a un niño con sombrero mejicano asistir a clase”. Menuda tontería.


Veámoslo de otra forma. “Un colegio prohibe a un niño en pelotas asistir a clase” no es lo mismo que “un colegio prohibe a un niño asistir a clase en pelotas”. En el primer caso se sugiere que el centro le niega al chaval -cuya familia ya se ve que tiene pocos recursos- un derecho fundamental, el de la educación. En el segundo está claro que el colegio se limita a ejercer su derecho a castigar una falta de disciplina del escolar.


Pero la prensa explota el filón. La madre de la niña -también con velo- declara muy seria y compungida: “No es lo mismo un sombrero mejicano que el velo. El velo es religión”. Y yo -que no me gustan mucho las rancheras-, me echo a temblar. Porque el sombrero mejicano sí que es una religión. Y de las auténticas.


Hace muchos años, en los ochenta, cuando estos temas eran para los españoles todavía ciencia ficción, en un viaje a París tomando una copa en La Casbah, un amigo parisino me contó la siguiente anécdota que le había sucedido a su madre ese mismo día. Su madre era directora de una sucursal bancaria en un barrio de musulmanes y, lógicamente, la mayoría de sus clientes lo eran. Pues bien, un empresario honrado, cabal, buen cliente, había ido a solicitar un crédito y al rellenar la casilla donde debía explicar para qué era (recuerden que estamos en los ochenta), inocentemente puso “para comprar una segunda mujer”. A la madre de mi amigo, una señora mayor pero como buena francesa, liberal y liberada, los ojos le hacían chiribitas, claro. E intentó explicarle a aquel hombre que los bancos, los de Francia al menos, no concedían créditos para eso. No sé en qué quedó la cosa, pero puedo imaginármelo y seguro que ustedes también. A fin de cuentas las casillas de los formularios de los bancos están ahí para poner en ellas lo que nos de la gana. ¡Bueno es Botín!


En fin. La enseñanza de todo esto creo yo es que si a una niña hay que quitarle el velo, se le quita y punto, al igual que hay que quitarles los foskitos a los niños españoles (están todos como focas), que también son una religión: ¡Santo dios de los foskitos, líbrame de todo mal! Y así andamos. Engordando.


PD: El problema del velo al final lo tiene mi ex, creo, que tiene alojada en casa a una estudiante de Erasmus marroquí, una chica muy simpática -y guapa- que se llama Nadia. Cada vez que entro en su casa tengo que gritar “¡Hola Nadia!” en voz bien alta para que la niña me oiga y se ponga el velo... no vaya a ser el demonio. O sea que pensándolo bien, puede que el problema del velo en realidad ¡lo tenga yo!

3 comentarios:

maikix dijo...

Pues sí, Víctor, yo creo que no deberías anunciarte, a ver si pone cara de susto al verte y se coloca el velo, o se va acostumbrando a que no pasa nada por no llevarlo.
Un abrazo.

Javier de Navascués dijo...

Otra solución en ponerte tú el velo, Víctor; o , pensándolo mejor, entrar con un burka. Abrazos...

Carcamal dijo...

¿Y una incursión en calzoncillos? Digo yo, así, en plan tratamiento de choque.