
Un joven rey guardaba celosamente un pequeño cofre cerrado que le había legado su padre. El cofre pasaba de padres a hijos desde hacía más de mil años y siempre permanecía cerrado. Tenía una inscripción en la tapa que decía: “No abrir jamás”. Nunca se había abierto y nadie sabía lo que contenía.
Sin embargo el joven rey era muy curioso. Un día no pudo más y contra la opinión de sus consejeros, lo abrió. Dentro había un segundo cofre aun más pequeño, con otra advertencia: “Si se abre este cofre ocurrirán grandes desgracias”. El rey que era imprudente, abrió el segundo cofre y dentro había un tercer cofre, en este caso diminuto, apenas del tamaño de una uña, que decía: “Atención: manténgase cerrado este cofre o el reino caerá en manos de un ejército invasor”. Por tercera vez hizo caso omiso de la advertencia. Lo abrió y la amenaza se cumplió: Del interior del cofre salió un ejército tan numeroso como las gotas del mar, que arrasó el reino entero. Fin del cuento.
Una hermosa simbiosis de las mamushkas rusas con el mito de Pandora. Me encantó.
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