28/9/10

Un cangrejo


Un cangrejo decidió cambiar de vida. Dejó la playa y se fue por el mundo adelante. Llegó a una ciudad y se instaló en ella. Al principio tuvo algunos problemas de adaptación. Por ejemplo, le costó un poco entender los semáforos porque como andaba de lado, cuando el semáforo se ponía verde el cangrejo en lugar de cruzar la calle echaba a andar otra vez por la acera. Pero poco a poco se fue acostumbrando y cada vez estaba más contento de vivir en la ciudad.


Como tenía que vivir de algo se hizo zapatero. Pronto desarrolló una gran destreza con sus patas y todos los vecinos le traían zapatos para que se los arreglara. El cangrejo era muy creativo y siempre añadía algo a los zapatos y los mejoraba o los hacía más bonitos, así que adquirió mucha fama. Una vez lo llevaron a un programa de la televisión local y lo entrevistaron. A raíz de aquello se convirtió en diseñador de zapatos. Montó una fábrica y contrató empleados. Y pronto sus zapatos se vendían por todo el país. Un día, estaba en su despacho y entró el ciempiés.


- Buenos días, cangrejo zapatero.


- Buenos días, señor ciempiés, ¿qué le trae por aquí?


- Necesito unas botas de montaña, me voy a escalar el Everest o a hacer el Camino de Santiago, no sé aun.


- Eso está hecho, señor ciempiés, ¿cuántas quiere?


- Mmmh, veamos, cincuenta pares, desde luego, y otros cincuenta de repuesto, total cien pares.


- De acuerdo, dijo el cangrejo, venga la próxima semana y las tendrá listas.


El ciempiés volvió a la semana siguiente, el cangrejo le entregó las doscientas botas y el ciempiés se fue encantado. Y así, de esta forma tan simple... el negocio del cangrejo iba viento en popa.

Depredadores


Según Edward O. Wilson, profesor en el Museo de Zoología Comparativa de la Universidad de Harvard, las pulgas, piojos, mosquitos y otros animales similares son “depredadores que devoran a sus presas en unidades inferiores a uno”.


Produce un estremecimiento de horror el pensar en estos crueles animales que se ensañan de tal modo torturando a sus víctimas... y nunca acaban con ellas.

Faustina y Marco Aurelio


Faustina era una emperatriz romana. Era esposa de Marco Aurelio. Esta mujer que había leído con gran aprovechamiento al retórico Adeo: “Cuando veas a alguien guapo, dile lo que piensas y cógele sus testículos con la mano abierta”, consecuentemente se enamoró de un gladiador y cometió adulterio con él. Craso error. Fatal. Ahí Faustina metió la pata a fondo, nunca mejor dicho.


Para atajar el asunto Marco Aurelio, aconsejado por sus sabios y asesores puso en práctica un remedio mágico muy antiguo: obligó a Faustina a beber la sangre del gladiador, al que obviamente hubo que matar primero. Y el remedio resultó ser extraordinariamente eficaz, pues Faustina no volvió a tener relaciones con el andábata nunca más.

Cocodrilo (gastronomía)


Su carne es muy apreciada en África y Asia. En Europa no porque no hay. Si los hubiera quizás sí y puede que entonces yo no estaría escribiendo esto pues me crié al lado de un río.


Antiguamente los guerreros de ciertas tribus africanas capturaban ejemplares jóvenes de cocodrilo y los alimentaban manteniéndolos bien atados. Cuando uno de los cocodrilos había crecido y estaba lo bastante gordo, le cortaban un pedazo de la cola y lo preparaban guisado, pues la carne de este saurio bien cebado tiene un sabor exquisito.


El cocodrilo no moría a consecuencia de la herida, por lo que unos días después, cuando estaba medio curada, los indígenas volvían a cortarle otro trozo, y así sucesivamente durante dos o tres semanas o lo que podía sobrevivir el animal. Como cualquiera puede ver se trataba de una forma cómoda (y cruel) de tener carne fresca todos los días, aunque también peligrosa si el cocodrilo lograba soltarse. Esto, que parece una tontería increíble, no es que lo diga yo que ya sé que tengo poco crédito: es que lo dice Mircea Eliade.


Los cocodrilos son también ellos mismos excelentes gastrónomos, aunque comen demasiado rápido, no paladean y suelen padecer frecuentemente digestiones pesadas. Un grupo bastante numeroso de estos saurios que vivía pacíficamente en los manglares de la isla de Ramree, en Birmania, se dieron un fabuloso banquete en 1945 que incluyó entre otras delicatessen, más de novecientos soldados japoneses bien frescos, que fueron consumidos crudos, sin ningún adobo.

25/9/10

El río enamorado


La historia del río Yangzhou es un ejemplo de generosidad y deseo incorruptible más allá de lo imaginado. No ha habido nunca una historia de amor no correspondido tan bella. Este río estaba enamorado del campo que lo bordeaba en su curso y llevado por aquel sentimiento sin límites, recorría el cuerpo de su amado constantemente abrazándolo, lamiéndolo, besándolo, sin pedir nada a cambio.


Peinaba los verdes prados con versos de agua y luz cada mañana haciéndolos más hermosos, o se hundía dulcemente como un bálsamo en las riberas de juncos al atardecer. Constantemente le hacía regalos maravillosos a su amado: bandadas de gansos blancos al mediodía graznando al sol, el rayo azul del martín pescador con el alba o el reflejo de la luna llena a la luz de las estrellas. Y así siempre.


El campo tan sólo se dejaba querer. Y no hablaba.

21/9/10

La zorra y las uvas


La zorra iba por el campo y se encontró con el racimo de uvas, que estaba tomando el sol.


- Buenos días, señor racimo -le dijo.


- Buenos días, señora zorra -contestó el racimo educadamente-. ¡Qué raro usted por aquí!


- Pues sí, pero es que me quedaba de paso. Voy al castillo de la abuelita a devolverle un zapato de cristal que perdió.


- ¡Eh, eh, un momento, lo está mezclando todo! -la interrumpió el racimo-, eso son varios cuentos distintos.


Si algo no soportaba la zorra era que le llevaran la contraria, así que dio un brinco y de un bocado se comió el racimo, que ya no pudo decir nada más. La zorra siguió andando, entró en el bosque y se topó de bruces con el gato con botas.


- Buenos días, señor gato.


- Buenos días, señora zorra ¿qué le parecen mis nuevas botas de siete leguas?, -dijo el gato que era algo presumido.


La zorra estudió detenidamente las botas y después de hacer algunas anotaciones misteriosas en una pequeña libreta que sacó de un bolsillo, contestó:


- Muy bonitas, señor gato. Pero no son de siete leguas. Apuesto a que no miden más de treinta centímetros.


El gato miró a la zorra con suspicacia y, un poco desconcertado, se quitó las botas para medirlas. La zorra añadió:


- En cualquier caso, sí que parecen muy cómodas. ¿Me permite probarlas?


Pero el gato se las volvió a poner inmediatamente y se puso serio.


- Por supuesto que no -dijo indignado-. En cuanto las tuviera puestas desaparecería de mi vista. ¿O cree que me chupo el dedo? ¡Habráse visto!


Y en dos zancadas desapareció de la vista de la zorra. La zorra se encogió de hombros y siguió caminando. Al llegar al lindero del bosque encontró a los tres cerditos que celebraban su cumpleaños con una fiesta.


- Buenos días, señora zorra -dijeron los tres cantando a coro cuando la vieron llegar.


- Buenos días, tres cerditos.


Entonces la zorra reparó en la tarta de cumpleaños. Era una gigantesca tarta ¡de color verde!


- ¡Por las barbas de Micifuz! -exclamó-, ¿de qué es esa tarta?


- De kiwi -respondieron los tres cerditos-. ¿Quiere probarla?


- No, no, muchas gracias muchachos -dijo la zorra-, tengo que seguir mi camino. Además... creo que me han sentado mal unas uvas que comí.

19/9/10

Amazonas


Las de Capadocia fueron las más famosas. Fundaron la ciudad de Éfeso. Su reina se llamaba Hipólita. Cuando querían tener hijos, estas mujeres guerreras invadían las tierras de los gargareos (unos vecinos) y raptaban unos cuantos hombres guapos que empleaban para quedarse encintas. Después se deshacían de ellos, pues consideraban que los varones no tenían ninguna otra utilidad, lo que puede que fuera cierto.


En el siglo XV aparecieron otras amazonas en las Indias Occidentales. Las de los ríos Amazonas, Orinoco y Yuacaré fueron las más conocidas. Estas se comportaban de forma similar a las de Capadocia, raptando hombres, bien fueran indios o españoles y, al igual que hacían las otras, si eran feos los desechaban inmediatamente.


Las ciudades en las que vivían estas mujeres, como la de Ciguatán eran de oro puro desde los cimientos hasta sus altas torres almenadas, por lo que ellas nunca llevaban joyas encima. Para qué.

Muerte súbita


Los nobles griegos y romanos tenían la costumbre de morirse de forma súbita o bien en circunstancias curiosas. De ese modo tanto sus contemporáneos como sus biógrafos tenían algo de qué hablar, lo cual siempre estaba bien y daba más juego. Pero la muerte súbita no es algo privativo de la aristocracia. Ah no. Muertes súbitas las ha habido siempre y las sigue habiendo hoy en día. Son moneda corriente.


Muchos autores, Plinio entre otros, han dejado constancia de algunas muertes súbitas de la antigüedad que pasaron a la historia, como la de Bebio Pánfilo que murió preguntando la hora a un muchacho; o la de los dos caballeros romanos que murieron al mismo tiempo mientras gozaban contra natura del bello Pantomimo. Por cierto que este joven, Pantomimo Mítico, a partir de aquel suceso abandonó la profesión de cochero e inició una larga y exitosa carrera como asistente personal de varios senadores muy respetados.


Estos dos casos que he citado están relacionados con la antigua creencia de que la muerte súbita era un regalo de los dioses. Pero ha habido muchas muertes súbitas y no todas pueden interpretarse de esa forma. Un sabio hindú que se enorgullecía de sus vastos conocimientos, al no ser capaz de responder a la pregunta de un niño murió de vergüenza. Un hombre que se cayó de un octavo piso en Nueva York en 1997 salió ileso del accidente, pero murió esa misma tarde tras consumir una hamburguesa en mal estado. Un guerrero chino estuvo durmiendo ciento treinta y seis años ininterrumpidamente, y murió al despertar y ver lo cambiado que estaba el mundo. Un rey de Sajonia murió ahogado a los quince años tras apostar con su hermano menor y pretendiente al trono que podría aguantar la respiración bajo el agua durante más de veintisiete minutos; si bien hay dudas con respecto a la validez de este caso como muerte súbita. Y Sir William Coustenay, caballero de Malta, rey de Jerusalén, príncipe de Arabia y rey de los gitanos cuyo verdadero nombre era John Nichols, murió súbitamente en 1838 en los alrededores de Canterbury, sin que se sepa la causa a ciencia cierta.


En otro orden de cosas pero hablando más o menos de lo mismo, una mujer etíope murió de repente al intentar mover las orejas sin ayuda de las manos, y además fue el hazmerreír general en su aldea. Una muerte súbita realmente idiota.


O sea que los casos de muerte súbita son incontables. Es más, todos los días mueren tantos niños pequeños de muerte súbita que muchas veces sus padres ni siquiera tienen tiempo de ponerles nombre.


Lo de la muerte súbita es muy corriente... ¡Incluso hay una cerveza que se llama así!

El milagro palíndromo de Roma


El milagro palíndromo de Roma es el Amor. Es un milagro fácil de entender: no requiere explicación. Basta con cambiar las letras de sitio y ya está. Pero si usted va allí, a Roma, y no lo experimenta, entonces decididamente... es que usted no tiene fe.

16/9/10

El maravilloso mundo de las plantas (anecdotario)


Este título es copiado. Le he añadido la palabra anecdotario para que no se note tanto. Si lo he copiado es porque es muy bueno. De hecho existen docenas de libros en el mercado con el mismo título y eso es porque otros muchos autores, no sólo yo, no han encontrado uno mejor para este tema. El tema son las plantas.


Muchos libros que se titulan así tienen fotos e ilustraciones en color, por lo que es muy probable que la lectura de cualquiera de ellos resulte más entretenida e instructiva que la de las líneas que siguen. Si usted empieza a ser de dicha opinión, no lo dude: deje este blog ahora mismo y salga inmediatamente a comprar un verdadero libro de igual título. Pero si decide no hacer caso de este consejo, debo advertirle que no encontrará aquí descripciones detalladas, ni épocas de floración, ni características morfológicas, edafológicas o de los correspondientes biotopos de las plantas; ni datos acerca de sus condiciones de crecimiento, ni consejos sobre sus cuidados. Esta no es una guía al uso. Y no lo es sobre todo por dos razones. La primera es porque el autor no tiene la menor idea de botánica, y la segunda porque no hay espacio. Y las plantas necesitan espacio.


Entrando ya en materia es preciso dejar bien claro que el mundo de las plantas es efectivamente maravilloso. No hay más que pensar en cualquier planta al azar. Por ejemplo, la Palma de las Seychelles cuya semilla puede llegar a pesar más de diez kilos y se necesitan varios niños fornidos para transportar una (ergo, los nativos de las Maldivas la llaman Nuez Maravillosa). O por citar una más próxima a nosotros el Heléboro Negro, que florece en diciembre, entre la nieve.


Todas las plantas resultan sorprendentes cuando se las conoce de cerca. Algunas escriben discursos y otras simplemente no hacen nada aparente y tan sólo se dejan estar ahí, embelleciendo el mundo. Pero todas tienen una historia que merece la pena conocer o un rasgo de su personalidad, o un detalle en su biografía que las hace únicas. Y muchas además, tienen poderes extraordinarios que ni siquiera sospechamos. Puesto que algunas plantas sirven para curar un catarro y otras para convocar a Satán, es conveniente conocerlas bien para estar prevenido.


Por último, ignoro el criterio que he seguido yo mismo para hacer la selección de las plantas que se citan, salvo que todas pueden encontrarse en Europa y eso sí: todas son maravillosas. Adelante. Disfruten.


Adonis estival (Adonis estivalis)

Originaria de Siria donde la cultivaban las mujeres en los legendarios y efímeros “Jardines de Adonis”, esta planta de la familia de los claveles tiene una bonita flor roja en la cima del tallo. Puede llegar a medir 50 cm. de altura, y no debe comerse pues es tóxica. La Adonis estival odia a los jabalíes: si ve uno lo mata.


Ajo de oso (Allium ursinum)

Esta liliácea natural de la Selva Negra tiene la propiedad de atraer a los osos por lo que, al igual que el famoso serbal, es muy apreciada por los cazadores.


Aleluya de San Roberto (Geranium robertianum)

Si bien pertenece a la familia de las aleluyas, no tiene las típicas hojas acorazonadas de la aleluya común o acederilla que usted conocerá perfectamente, sino otras triangulares o pentagonales de tres a cinco lóbulos. Sus bonitas flores blancas fueron empleadas por San Roberto en cierta ocasión para curar a un asno de su propiedad que padecía frecuentes jaquecas, cosa que el pollino le agradeció de todo corazón quedándose a vivir con el santo de por vida. Según los devotos de San Roberto, estos geranios tienen la costumbre de entonar himnos celestiales el día de Resurrección, en que se conmemora la muerte del santo, y así lo hacen todos los años de Dios. Algunas monjas de clausura emplean también esta planta en la fabricación de postres, si bien con distintos resultados según la mano de cada una.


Alfilerillo de pastor (Erodium cicutarium)

Planta herbácea y vellosa cuyo fruto tiene forma de alfiler. Los pastores no lo utilizan para nada en especial, y mucho menos para coser. El alfilerillo no debe confundirse con otra planta similar que los niños llaman pico de cigüeña (véase esta entrada).


Asfódelo blanco (Asphodelus albus)

Bella azucena silvestre de largo tallo rematado por un hermoso racimo de flores. Ha sido tradicionalmente una planta muy apreciada por los poetas. Mero, la escritora de Bizancio casada con Andrómaco el filólogo, cultivaba asfódelos blancos a los que entregaba tanto sus epigramas como los escritos de su esposo, para que los asfódelos los corrigieran antes de hacerlos públicos.


Belladona (Atropa belladona)

La belladona es una solanácea, o sea que es pariente de la patata. Las flores tienen forma acampanada y son verdes con manchas violetas. Como es bien sabido la belladona posee unas brillantes bayas negras muy tóxicas. Una sola es suficiente para provocar la muerte. A pesar de eso antiguamente las mujeres la usaban para embellecerse, pues con ella se preparaba un colirio que aumentaba notablemente el brillo de la mirada. Según parece, Tersites, el héroe etolio famoso por ser el hombre más feo de la guerra de Troya, tuvo una extensa plantación de belladona en su casa de Calidón, sin que se sepa, o al menos la Ilíada no lo menciona, que le reportara ningún beneficio visible.


Botón de oro (Ranunculus acris) y Botón de plata (Achillea ptarmica)

Estas dos plantas no tienen nada que ver entre sí. La primera es una ranunculada y la segunda un tipo de valeriana. El botón de oro tiene una bonita flor amarilla y es fácil de encontrar al borde de los caminos y en los prados por toda Europa. El botón de plata tiene la propiedad de hacer estornudar a cualquier persona que lo mire fijamente, por lo que en algunos lugares recibe el nombre de hierba estornutatoria. Existe también una planta que se llama botón azul, pero no vamos a hablar de ella aquí ya que esta es la entrada del botón de oro y ya hemos metido en ella, con calzador, el botón de plata.

Cebollino francés (Allium schoenoprasum)

En España se llama también ajo moruno, lo que debería dar algo que pensar a nuestros vecinos galos. El cebollino francés tiene una flor en forma de esfera de color rosa. Se emplea como condimento en cocina. Es ideal para hacer “ataditos” o “tipis” en las ensaladas.


Corona de rey (Tetragonolobus maritimus)

Como casi todas las plantas que tienen en su nombre la palabra rey, esta papilionácea tiene flores amarillas. La corona de rey vive con toda naturalidad en suelos secos y en arenas próximas al mar. No necesita ningún rey; se basta ella sola. Encontrar un ejemplar con flor en un bosque es un presagio funesto, pues significa que los días de la dinastía reinante han acabado para siempre.


Diente de león (Leontodon autumnalis)

Hierba de la familia de las compuestas bien conocida por todo el mundo (bueno, creo yo). Corona su fruto una delicada esfera formada por un fino vilano blanco. Si se toma en la mano el fruto y se le sopla fuertemente pidiendo un deseo, el vilano se va volando y aunque el deseo no se cumpla, al menos las semillas del diente de león se esparcen por ahí. De este modo nacen más dientes de león y con ellos aumentan las posibilidades de que un próximo deseo se cumpla alguna vez.


Hierba de Aquiles (Achillea millefolium)

Ni siquiera el héroe griego fue capaz de superar la prueba que le puso Quirón de contar con exactitud el número de hojas de esta hierba aromática. De ahí que también sea conocida por los nombres de cientoenrama, milenrama y mil hojas. El caso es que el joven tesalio, al ver que le resultaba imposible superar el desafío, cobardemente lo eludió y presentó a Quirón en cambio un ejemplar de potentilla reptans, una rosácea que a partir de entonces pasó a llamarse cincoenrama. Esta actitud no fue del gusto del maestro que censuró por ello al joven y le impuso un severo castigo, o al menos así lo cuenta Hesíodo en “Los Trabajos y los Días”. Según la misma fuente parece ser que Janto, el caballo de Aquiles, consumía la millefollium cocida y aderezada con vinagre antes de hacer profecías.


Hierba o vara de San Simón (Circaea lutetiana)

San Simón era hermano de Santiago el Menor. Murio crucificado en la ciudad de Samir, en Babilonia. La vara la empleaba para azotar a los impíos y para martirizarse él mismo. No se sabe que pueda tener otra utilidad.


Imperatoria (Imperatoria ostruthium)

Umbelífera aromática y medicinal. La imperatoria es propiedad exclusiva del Emperador y no me está permitido hablar de ella aquí.


Lágrimas de David (Polygonatum officinale)

Esta planta está muy dotada para la poesía. Tiene un don natural. David reinó en Judá del año 1010 al 970 a.C. y parece ser que el hijo de Isaí se había aficionado a esta planta vivaz durante los años en que fue vasallo de los filisteos, que solían emplear la raíz cocida de la polygonatum como purgante. Una vez que David se proclamó rey y conquistó Jerusalén, se hizo construir en palacio un jardín privado en el que cultivaba él mismo con gran dedicación estas extraordinarias liliáceas que, según se cree, le dictaron de viva voz más de 50 de sus 74 salmos. Su hijo Salomón mantuvo este jardín en funcionamiento hasta el año 930 a.C. por respeto a la memoria de su padre. Y la planta acabó por ser conocida también por su otro nombre: Sello de Salomón.


Nido de pájaro (Neottia nidus-avis)

Esta orquidácea de color pardo que puede llegar a medio metro de altura, está protegida por ley en toda Europa. No debe tocarse y mucho menos arrancarse, pues los polluelos morirían. La Neottia vive principalmente en bosques de hayas.


Narciso de los poetas (Narcissus poeticus)

Una amarilidácea bulbosa de flores blancas que es muy apreciada. Sabe improvisar versos maravillosos, y si llega a conocer a un poeta en persona se queda con él para siempre. No debe confundirse el narciso de los poetas con el pseudonarcissus o tragapán, que es tóxico y ni siquiera es capaz de componer un mal texto en prosa.


Pan de ranas (Alisma plantago-aquatica)

Fácil de ver en cañaverales porque sus flores y semillas sobresalen por encima del agua, a menos que las ranas ya las hayan recolectado. El pan de ranas tiene grandes hojas acorazonadas y pequeñas flores blancas. Como claramente indica su nombre, las ranas usan el alisma para fabricar pan.


Pamplina (Stellaria media)

No merece la pena dedicar ni una línea a esta planta.


Pico de cigüeña (Erodium ciconium)

Se confunde a veces con el alfilerillo de pastor. Su fruto parece un pico de cigüeña. Si se abre, dentro aparecen las semillas que al sentirse observadas, se convierten al instante en relojes, echan a andar y empiezan a dar las horas con regularidad y exactitud. Entonces los niños (al menos mis amigos y yo lo hacíamos así de pequeños), inteligentemente le cambian el nombre a la planta y la llaman simplemente “reloj”.


Polígono anfibio (Polygonum amphibium)

Efectivamente, esta poligonácea que puede llegar a medir más de tres metros dispone de varios lados y puede vivir indistintamente en la tierra o en el agua. Por tanto su nombre es correcto.


Violeta (Viola odorata)

Resultaría de lo más pedante por mi parte intentar describirles la violeta, por lo que no lo haré. Es tan conocida que resulta innecesario. Todo el mundo sabe perfectamente que la violeta es una hierba perenne, sin tallo, con estípulas lanceoladas y flores en los extremos de los cabillos de color violáceo o de otro color, con dos pétalos curvados hacia arriba y tres hacia abajo; y con sépalos desiguales. Y también es sabido que su fruto es una cápsula vellosa que se abre en tres valvas. Y por supuesto, que sus flores son muy aromáticas. Extraordinariamente aromáticas. Pero... ¿qué tonterías estoy diciéndoles? Perdónenme, se lo ruego, no pretendía ser descortés. Todos ustedes saben lo que es la violeta, claro está. ¿Cómo he podido olvidarlo? ¿O es que acaso no han recibido nunca de algún amante un ramito de?

Fabricar silencio


Resulta sorprendente que nadie se tomara nunca en serio la propuesta de Julio Camba de fabricar silencio para comercializarlo y venderlo allí donde hiciera falta. Una idea genial.

Alas


Al principio, cuando nació el niño con alas sus padres pensaron que era un ángel; pero no. Mientras era pequeño apenas se le notaban las alas, dos pequeñas protuberancias blancas en la espalda. Pero a medida que fue creciendo se desarrollaron y se convirtieron en un par de alas muy hermosas. Después el niño con alas no hacía nada. Ni siquiera estudiaba. Simplemente andaba por ahí todo el día, revoloteando y cavilando. Toda la gente del barrio lo conocía bien. Pasaba por encima del kiosko y Camilo, el kioskero, le decía:


– Buenos días, niño con alas, ¿qué tal se anda hoy por ahí arriba?


Y el niño contestaba:


– Así, así, Camilo, no te creas, hoy hace un poco de viento –y se alejaba arrastrado por una corriente.


Este niño se alimentaba de bolitas de algodón. Sus padres compraban algodón en la farmacia y hacían bolitas pequeñas, haciendo rodar un pedazo de algodón entre los dedos. Después se las daban de una en una.


Por la noche el niño con alas no se acostaba, sino que dormía de pie en el cabecero de la cama, con la cabeza debajo de un ala, como un canario.

12/9/10

El curro del rey


El príncipe que cuando le preguntaban por su padre solía decir “está en el curro” para referirse al Consejo Real, fue obligado a renunciar a la Corona, y expulsado del Reino para siempre.

La oveja rosa

Un pastor tenía una oveja muy valiosa: la oveja rosa. Esta oveja era efectivamente de color rosa y daba una lana muy buena para hacer jerseys y rebequitas para niñas. La oveja tenía su propio aprisco, distinto del resto del rebaño y mucho más confortable. El pastor la cuidaba como si fuera su propia hija. Mucha gente venía de muy lejos para verla. El pastor había montado un negocio boyante exhibiéndola y cobrando entrada, y se había hecho rico con eso.


Un día los lobos secuestraron la oveja y enviaron una nota al pastor exigiéndole un rescate. La nota era difícil de leer porque estaba hecha con letras de periódico recortadas. Decía: “Tenemos la oveja rosa. Si quiere recuperarla venga con cien gallinas al claro del bosque mañana a las 6 a.m. Si habla con la policía no volverá a ver a su oveja.” La nota iba acompañada de una polaroid en la que se veía a la pobre oveja aterrorizada, flanqueada por dos lobos con cara de pocos amigos. El pastor estaba desolado, pero apreciaba mucho a su oveja y reunió las cien gallinas. Al día siguiente las llevó al sitio convenido.


En el claro del bosque lo esperaba la manada de lobos al completo, armados hasta los dientes. Uno de ellos sujetaba por un brazo a la oveja que estaba esposada y tenía los ojos vendados. Las cien gallinas del pastor también tenían los ojos vendados. El pastor había tomado esta precaución para evitar que huyeran al ver a los lobos.


Pero algo no cuadraba en todo aquello. De pronto el pastor se dio cuenta: la oveja ya no era rosa, sino ¡azul!


– ¡Eh! –le dijo al jefe de la banda–, ¿qué habéis hecho con mi oveja, pandilla de desgraciados? Ya no es rosa.


– Oiga, lo siento mucho –dijo el lobo–, pero nosotros no hemos hecho nada, se lo aseguro. Se ha puesto así ella solita, del susto.


El pastor estaba indignado. De todas formas, como ya se había hecho a la idea de perder las cien gallinas, dijo:


– Vale, vale, no quiero veros más, ¡hala!, dadme la oveja y quedáos las gallinas.


Procedieron al intercambio que fue un poco confuso, porque las gallinas a pesar de llevar los ojos vendados se asustaron igual. Después los lobos se fueron y el pastor volvió a su casa con su oveja. La oveja rosa ya no volvió a ser rosa, aunque su lana azul era tan buena como la rosa de antes. La gente seguía pagando para verla, pero después decían:


– ¡Oh, qué decepción! No es rosa.

Vincenzo


Entre 1911 y 1913 Vincenzo Peruggia ocultó en su casa a la mujer más admirada de Francia. A lo largo de esos tres años, como un amante solícito la despertó cada mañana para mostrarle el sol; la acunó una y mil veces al caer la tarde; durmió a su lado; le sonrió; le contó todos los cuentos... Tal vez la besó. Nunca se lo perdonaron. Ella le sonreía.

El zorro y las nubes


Unas nubes llegaron a la cima de una montaña y se instalaron allí. Eran unas nubes blancas y algodonosas. Si querías verlas de cerca no tenías más que subir a lo alto de la montaña y las nubes siempre estaban en el mismo sitio. Otras nubes viajaban constantemente: un día iban a descargar la lluvia al mar y otro volvían; o se iban a visitar otras montañas, otros valles y ciudades lejanas. Pero las de aquella montaña nunca se movían de su sitio. Estaban allí todo el año. Incluso en verano. Era un misterio.


Los animales del bosque se decían unos a otros: “¿Qué tramarán esas nubes?, todo el día ahí, sin hacer nada. Aquí hay gato encerrado.” Tan intrigados estaban que llamaron al zorro orejudo, que era un detective brillante, y lo contrataron para que investigara el caso y averiguara qué hacían las nubes allá arriba.


El zorro era un profesional riguroso. Por eso lo primero que hizo fue cobrar un adelanto de sus honorarios y a continuación documentarse a fondo sobre el tema. En la biblioteca del bosque encontró bastante material. Había varios libros sobre nubes y dedicó una mañana a leerlos tomando buena nota de todo lo importante. Una vez hecho esto decidió entrevistar a las nubes en persona, así que subió a lo alto de la montaña. El trayecto era largo y el sol pegaba de lo lindo. El zorro llegó arriba sudoroso y cansado.


– Buenos días, nubes, –dijo aun jadeando–, soy el zorro orejudo, ¿les importaría contestar a algunas preguntas? Es pura rutina.


Obsérvese que el zorro orejudo era un tipo muy directo.


– Buenos días, señor zorro, –contestaron las nubes–, es un placer conocerle. Por supuesto que no nos importa. Contestaremos a lo que quiera. A nosotras nos encanta charlar, aunque como usted podrá suponer no solemos tener muchas visitas por aquí. Pero ¡oh vaya, perdónenos!, está usted tan acalorado... ¿Le gustaría refrescarse un poco?


Antes de que el zorro pudiera contestar afirmativamente, las nubes descargaron sobre él 200 litros de agua y el zorro quedó hecho un trapo.


– Ejem, –dijo el zorro algo chafado, retorciéndose la cola y las orejas para escurrir el agua–, muchas gracias. Muchas gracias, sí. Bueno, pasemos a lo importante. No me andaré por las ramas. La primera pregunta es esta: ¿Qué demonios hacen ustedes aquí todo el día?


– Llovemos –dijeron las nubes como si llover uno mismo fuera la cosa más normal del mundo.


– ¿Llovemos? –replicó el zorro extrañado–. Llover es un verbo irregular. No existe “llovemos”, –añadió.


No bien hubo dicho esto, un segundo chaparrón se desató justo sobre su cabeza. Apenas se había repuesto de la mojadura anterior y ya estaba empapado otra vez. Empezó a estornudar.


– ¡Oh, pero qué desconsideradas somos! –dijeron las nubes–. Discúlpenos, ha sido sin querer. Se ha resfriado usted. Vaya por Dios. Nos apartaremos un poco para que pueda secarse al sol.


Dicho y hecho. Las nubes se abrieron y los rayos del sol entraron a toda velocidad por el hueco y llegaron hasta el zorro. Un rayo de sol dijo a los otros:


– ¡Eh chicos, mirad! Aquí hay un zorro muy peludo completamente empapado. ¡Genial! Venid todos, vamos a secarlo.


Los rayos envolvieron al zorro y empezaron a hacerle cosquillas con un calorcito muy agradable y este empezó a sentirse mejor. Después las nubes le ofrecieron un té caliente. El zorro se lo tomó de un trago y optó por no hacer más preguntas. Al cabo de un rato se despidió cortésmente y se fue, pero las nubes aun tuvieron tiempo de desatar sobre él un último chaparrón de despedida y el zorro acabó bajando la montaña a toda velocidad, con el rabo entre las piernas.


Una vez a salvo en su oficina y después de secarse bien, elaboró un detallado informe en el que explicaba que las nubes se limitaban a llover allí en la cima, y por lo demás eran inofensivas. Como el zorro orejudo tenía un gran prestigio y cobraba muchísimo, cuando los animales leyeron el informe se tranquilizaron de inmediato y dejaron de darle vueltas al asunto. Después, lo primero que hizo el zorro con sus honorarios fue comprar Frenadol y también una buena gabardina con solapas, lo que a partir de entonces le dio un aire mucho más profesional.

Cuatro cosas que traen mala suerte


Colocar un muerto boca abajo, encontrar un mono al salir de casa, esconder la llave de una cámara secreta, robar un avestruz.

10/9/10

El pozo mágico


Hubo en China un pozo mágico que concedía deseos. Lo único que había que hacer era formular un deseo y arrojar al pozo algo valioso, como monedas o un brazalete. El pozo siempre concedía el deseo.


Rápidamente se corrió la voz por toda China y todos los chinos fueron al pozo. Se hizo una cola enorme de miles y miles de personas. Todos los chinos llevaban en la mano algo de valor: un collar, una sortija, un lingote de oro o cualquier otra cosa. Al llegar al borde del pozo arrojaban allí lo que fuera y formulaban sus deseos. Y el pozo los cumplía todos.


Con el tiempo el pozo se fue llenando de joyas hasta que estuvo hasta arriba, y entonces los que se asomaban a él podían ver que dentro había un tesoro fabuloso de perlas, brillantes, piedras preciosas y oro. Cuando estaba a rebosar, las cosas que echaba la gente rodaban hasta el brocal y caían fuera y los deseos ya no se cumplían.


Entonces el rey de China que era muy listo lo mandó vaciar, se quedó con el tesoro y el pozo volvió a funcionar como antes. Voilá.

Un aforismo


No es mío, es demasiado bueno. Lo he encontrado en el blog de Argax. Tampoco sé si es suyo o si se trata de una expresión popular -lo parece- que yo nunca había oido. El caso es que es perfecto como un microcuento, y lleno de humor e ironía. Dice así:


“Cuanto más grande es el tambor, más tonto es el niño.”

8/9/10

Once hallazgos extraordinarios


- El caracol de oro macizo de Rubén Darío.

- El corazón que halló una niña temprano una mañana de San Juan.

- Los árboles del cielo (Ailanthus altíssima).

- El estaño alado de las piedras.

- La tortura: Ixión, Sísifo, Titio.

- El hombre-ciervo del lago.

- La mujer que dio a luz búfalos y pájaros.

- El loro Kea que se alimentaba de ovejas.

- Los cerdos de Neruda que sostenían la Aurora.

- El Borophagus.

- El árbol genealógico de los mamíferos, que descendemos todos de un reptil.

Gigantismo animal


El gigantismo en el reino animal (elefantes, dinosaurios, ballenas...) tiene muchas ventajas. La más obvia es la siguiente: los otros animales no te atacan. Por contra en caso de peligro no puedes enterrarte en la arena, ni refugiarte tras una hoja... hay que tener todo en cuenta.

5/9/10

El caballo poeta


Horacio es un caballo con un corazón muy grande. Los caballos, a los que algunos llaman Houyhnhnms, son mucho más inteligentes que las personas, pero generalmente lo ocultan para evitarse problemas.


Horacio era un caballo especialmente sensible y refinado que siempre había querido ser poeta. Un día encontró un gnomo; un gnomo es un duende pequeñito. Muchos gnomos van vestidos de azul y rojo y llevan gorros picudos, pero otros no y son distintos. En todo caso los gnomos son difíciles de ver, pero fáciles de reconocer pues resultan muy característicos. Una vez que has visto uno no te olvidas nunca. Horacio tenía muy buena vista y descubrió al gnomo enseguida, aunque este intentaba ocultarse bajo una hoja. Le dijo:


- Hola gnomo, te he descubierto. Ahora tienes que concederme un deseo.


- ¡Vaya! -replicó el gnomo-, esa es una idea realmente peregrina, ¿de dónde la has sacado?


- Conozco mis derechos -dijo Horacio-, esto es un cuento y en los cuentos los gnomos conceden deseos al que los encuentra. Quiero ser poeta.


El gnomo no tenía ganas de discutir.


- Vale, vale, estoy muy ocupado. ¡Hala! Ya eres poeta. Andando.


Y desapareció.


Horacio se quedó un poco desconcertado, porque pensaba que el gnomo tendría que haber hecho un pase mágico o decir unas palabras raras o algo así, y no estaba seguro de que le hubiera concedido el deseo de verdad. Además tampoco notaba ningún cambio especial en él mismo, ni se sentía más inspirado que antes. Iba pensando en esto cuando se topó con la hormiga.


- Vas muy pensativo, Horacio -lo saludó la hormiga.


Horacio le contó toda la historia y la hormiga dijo:


- Mmmh, sí. Yo diría que no sabrás si tu deseo se ha cumplido hasta que escribas un poema.


A Horacio le pareció una sugerencia muy acertada. Le dio las gracias a la hormiga y se fue a casa a escribir. El primer día escribió un poema. Después lo leyó pero no acababa de gustarle del todo, así que empezó a cambiar primero una palabra, después otra, después otra y así sucesivamente hasta que llegó un momento en que el poema no se parecía en nada al que había escrito al principio. Pasaron los días y Horacio seguía trabajando en su poema. Tan absorto estaba que no salía de casa, y la hormiga y el resto de sus amigos se preguntaban en qué andaría.


Al principio Horacio creía que el poema le saldría rápidamente, pero aquello se iba haciendo cada vez más y más difícil. Se rodeó de diccionarios, de recortes de periódico, de dibujos... de flores. Compró un perro, un periquito y una tortuga de agua. Cruzó un río, subió una montaña, atravesó el desierto para airearse, volvió a casa y siguió escribiendo. Así pasó semanas y semanas trabajando en el poema, hasta que un día por fin se sintió satisfecho y lo dio por terminado. Entonces decidió convocar a todos los animales del bosque para leérselo y saber si era bueno. Envió invitaciones personalizadas a todos: al león, a la cotorra, al gamo, etc. Por ejemplo, la invitación de la hormiga decía así:


“El caballo Horacio invita a la señora hormiga a la lectura de su poema, que se celebrará en la casa del caballo, el próximo jueves a las seis de la tarde. Se ruega etiqueta.”


Y cada animal del bosque recibió la suya. Horacio preparó una fiesta inolvidable con bocadillos, pinchos, bebidas y dulces. Contrató a un grupo de jazz, la “Tucano Dixie Band” para que amenizara la velada y a quince poneys que se encargarían de servir las mesas y atender a los invitados. Por fin llegó el gran día. Todos los animales estaban encantados en la fiesta, pues la comida estaba muy buena, la música era estupenda y la compañía agradable. Además era una ocasión de oro para lucir sus mejores galas y todos se habían puesto lo mejor que tenían. A los postres Horacio hizo sonar una copa con el tenedor y reclamó atención. Todos los animales se callaron y lo miraron, aunque algunos como la comadreja protestaron un poco porque preferían seguir comiendo; de hecho había una tarta de moras que estaba especialmente buena. Horacio dijo:


- Queridos amigos, bienvenidos. No os entretendré mucho -todos suspiraron aliviados-. Como ya sabéis he decidido ser poeta. Os he convocado hoy para leeros mi primer poema. Es un haiku, un poema japonés muy breve. Me ha costado mucho escribirlo y estoy orgulloso de él, pero quisiera vuestra opinión sincera. Ahí va. Este es el poema:


“Amanece,

el zorzal canta,

el bosque es mi casa.”


Hubo un breve y respetuoso silencio, roto inmediatamente por un aplauso atronador. Todos los animales se pusieron en pie al mismo tiempo aplaudiendo. Los monos aplaudían con las cuatro manos a la vez. Se oyeron vivas, hurras, muy buenos y algún que otro silbido de la comadreja. Después el grupo de jazz volvió a tocar, todos se sentaron y dedicaron su atención a las viandas otra vez. Horacio simplemente se puso colorado como un tomate. Dijo “gracias amigos”, y se echó a llorar.


Esta es la historia de Horacio.